Tecnología
Fecha de publicación: 2016-07-22

¿La inteligencia artifical amenaza el empleo?

El investigador Jerry Kaplan plantea que el camino frente al avance de los robots en el trabajo es “aprender”. Pide cambios en políticas económicas.

Por Gabriela Origlia, estrategiaynegocios.net

La inteligencia artificial avanza y los robots cada vez ocupan más puestos de trabajo. Desde la industria hasta el sector servicios empiezan a ser invadidos por máquinas que pueden hacer lo mismo que hacía un hombre con menos conflictos y con capacitación continua.

Los expertos coinciden en que Latinoamérica y el Caribe no deben mirar este fenómeno como si fuera ajeno, porque no hay regiones “a salvo” de este. Los especialistas plantean que los humanos realizarán otro tipo de tareas, para las que deben estar mejor preparados, a la altura de lo que exijan las empresas. Si bien es cierto que todavía hay relatos que parecen de ciencia ficción, como los de vehículos sin conductores, todo está a punto de suceder.

Esos son los temas que aborda Jerry Kaplan, emprendedor e investigador del laboratorio de inteligencia artificial de Stanford, en su libro Humans Need Not Apply. En diálogo con Estrategia & Negocios analiza qué es lo que podría esperarse en el mundo laboral en los próximos años. Deja en claro que ya no solo los robots hacen tareas automáticas, sino que cuentan con herramientas que les permite fijar objetivos, predecir comportamientos y advertir riesgos. Son las “inteligencias sintéticas”.

No tiene una mirada pesimista sobre el destino de los trabajadores; de ninguna manera imagina un “apocalipsis laboral”. Sí cree que la tendencia incrementará la inequidad en los ingresos por lo que “necesitamos hacer ajustes a nuestras políticas sociales y económicas para balancear lo que se está produciendo”.

A los países emergentes, como los de la región, les aconseja invertir en las tecnologías del futuro: “No copiar lo que ha funcionado en el pasado para las economías más desarrolladas”.

¿Cómo evalúa el impacto de la inteligencia artificial en el mundo del trabajo?

Hay quienes entienden que se acerca el apocalipsis…La inteligencia artificial es simplemente la próxima ola de la automatización. Como las anteriores, permite a las máquinas hacer tareas que antes requerían de la atención y la inteligencia humana. A corto plazo puede reemplazar a la gente, pero sobre todo cambia la naturaleza del trabajo que los huma-nos realizan. A largo término, la automatización crea más y diferentes tipos de empleos, razón por la cual hoy no todos tienen trabajo. No, no creo que estemos frente a un “apocalipsis laboral”.

Con esta tendencia hay especialistas que consideran que se va hacia empresas ricas y empleados pobres, ¿es un camino sin retorno?

La pregunta es quién se beneficia con la nueva riqueza. Obviamente, la gente que es dueña de robots y aquella que puede comprarlos. Esto incrementará la inequidad en los ingresos por lo que necesitamos hacer ajustes a nuestras políticas sociales y económicas para balancear lo que se está produciendo.

Parece un proceso imposible de detener. Entonces, ¿cómo enfrentarlo, pueden hacer algo los Estados? Las leyes laborales, ¿están a la altura del fenómeno?

No me parece que la manera de reequilibrar la situación sea sacándole a los ricos para darle a los pobres, sino cambiando las políticas económicas para que –a medida que una economía crezca– la riqueza sea compartida de manera más amplia.

En su libro habla de las “hipotecas laborales”, ¿con qué objetivo instrumentarlas?

Si la historia es una guía de lo que podría suceder, podemos inferir que habrá muchos nuevos puestos de trabajo creados, incluso cuando hacerlo requiera de algún tiempo. La cuestión es qué habilidades requieren y cómo se debe formar la fuerza laboral para poder responder a la demanda. Cuando la naturaleza del trabajo cambia de forma relativamente lenta, como lo ha hecho en el pasado, nuestro sistema de educación y formación funciona bien.

La gente puede ir a la escuela y aprender habilidades cuando son jóvenes y pueden creer, razonablemente, que van a utilizarlas a lo largo de toda su carrera profesional. Sin embargo, cuando la transformación de la naturaleza es rápida, necesitaremos nuevas formas y modelos para financiar la formación continua de los trabajadores que no puede seguir como hasta ahora, al menos en los Estados Unidos. Aquí, después de salir de la escuela, es responsabilidad del empleado asegurar que sus habilidades son las que necesitan los empleadores, lo que significa que deben volver a estudiar y pagar por hacerlo. En mi libro he propuesto las mejores maneras que, considero, podemos instrumentar para financiar la educación continua y a través de ellas limitar el riesgo personal de que no podrán pagar los costos. La idea básica es la de permitir a la gente pedir prestado dinero poniendo su trabajo futuro como garantía; es un esquema similar a la forma en que se dan créditos para comprar casas, en los que ponen la propiedad como garantía. En general los jóvenes deciden qué estudiar pensando en su trabajo futuro, ¿se puede mantener esta regla cuando el futuro es tan incierto? Me parece que una buena educación en artes liberales servirá a la gente en los próximos años, aunque es difícil y complicado saber qué trabajos serán los más valorados y buscados.

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En su opinión, ¿hay segmentos con más certezas de que seguirán requiriendo de humanos o los robots avanzarán en todas las áreas?

Muchos de los trabajos que hoy consideramos como “necesarios” habrían sido sorprendentes para las generaciones anteriores. Si esos trabajadores estuvieran aquí posiblemente se preguntarían por qué estamos dispuestos a pagar a alguien para preparar especialidades de café como los lattes o los capuchnos, ya que en aquellos años apenas se podía hacer un café en casa. Podrían preguntarse por qué gastamos dinero en cortes de pelo de lujo, en viajar a lugares distantes en nuestro tiempo libre, en importar agua embotellada en lugar de beber la de la canilla y en pagar para ver a otros hacer deporte. La razón es que a medida que nuestra sociedad se vuelve más rica, tenemos el dinero para aspectos que antes no se podían costear y, por ende, nuestro nivel de vida aumenta.

Cambiaron los conceptos y las necesidades…Hay muchas cosas que ahora no pensamos como trabajos y que se convertirán en puestos de empleo en el futuro. Hasta hace poco tiempo la idea de que a la gente se le pagara para jugar videos parecía tonto, sin embargo hoy existe una industria grande y creciente de los jugadores competitivos, porque hay quienes están dispuestos a gastar dinero para ver. Mañana, si todo el mundo quiere flores frescas en sus hogares y que se adapten a su estado de ánimo, puede estar dispuesto a pagar a otros para organizar este tipo de cosas. Tal vez se convertirá en un lugar común ese modo de actuar para tener un poema escrito por un profesional para sus hijos en sus cumpleaños o contratar a alguien para tocar el piano en una cena familiar. Si bien hoy en día estas cosas parecen muy extravagantes, a medida que hay más ricos, pueden llegar a ser normal. Mis ejemplos son solo acerca de aquello que podemos imaginar ahora, pero habrá muchas nuevas profesiones que ni siquiera estamos en condiciones de pensar.

¿Es la innovación la única manera de sobrevivir, cómo define ese concepto?

Los trabajadores individuales no tienen que preocuparse por ese aspecto; solo tienen que aprender las habilidades que necesitan los empleadores en un momento dado.

¿Pensar en términos de seguridad, no es un riesgo? ¿Es posible hablar de “seguridad” en el actual mundo laboral?

La seguridad laboral, tal como existía en el siglo pasado, es poco probable que continúe en este siglo. El trabajo y las profesiones van a cambiar mucho más rápidamente que en el pasado y hay que estar preparados.

¿Qué pasa con los países emergentes, están en el mismo nivel respecto a este tema que los desarrollados? ¿Afrontan los mismos riesgos?

Los emergentes tienen una ventaja, están limitados por tener inversiones en equipamiento e infraestructura diseñadas para la tecnología más antigua, obsoleta. Si estuvieran empezando desde cero hoy en día, por ejemplo, toda la estructura de telecomunicaciones sería inalámbrica. Así que el truco para este grupo de países es invertir en las tecnologías del futuro, no copiar lo que ha funcionado en el pasado para las economías más desarrolladas.

¿Cómo imagina el mundo laboral en 20 años? ¿Y el sistema educativo?

Todo será diferente a lo actual... Pero mirando más hacia el futuro, en 50 o 100 años es probable que sea muy diferente, al igual que lo de hoy es muy distinto a lo de hace un siglo.

RIESGOS EN EL HORIZONTE

En síntesis, Kaplan entiende que en el nuevo ecosistema tecnológico e inteligente, el mundo laboral se transformará radicalmente. Su preocupación es que la gente no tiene ni el tiempo ni las habilidades que exigen cada vez más las empresas; hacer cambios de conducta e incorporar conocimiento es más lento en los humanos que en las máquinas.

Para esa situación es que diseñó el esquema de la “hipoteca de trabajo”: antes de contratar a los empleados, las empresas los harán capacitarse para que adquieran habilidades específicas. Pagan ese entrenamiento con su puesto futuro. Kaplan insiste en que el único camino para no quedar afuera del sistema es estar dispuestos a aprender.

Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee en su libro La segunda edad de las máquinas, plantean que las nuevas tecnologías podrían permitir más tiempo libre y menos trabajos pesados en un mundo cada vez más rico. Kaplan no es tan optimista, ya que subraya la inequidad en la distribución de los recursos y reclama un cambio de políticas para alterar ese esquema. El debate, lo reconoce el investigador de Stanford, no es nuevo. John Keynes hace un siglo ya hablaba de “desempleo tecnológico”. Claro que de repetirse lo de aquellos años se va directo hacia una pirámide donde los trabajadores del vértice ganen muy bien y el resto, viva con lo justo (o menos).

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