Opinion
Fecha de publicación: 2018-04-09

Cuando arde Troya: El impacto de un mentor en nuestras vidas

Hay veces que queremos oír la voz de la experiencia con serenidad para nosotros entender como va la cosa. Porque el mentor a diferencia de un coach, si es una figura con muchísimo conocimiento en temas específicos, nos inspira un profundo respeto.

Por Oscar David Rojas*

Los invito por un instante a que vayamos a Tesalia, hoy parte de Grecia, y permítanme amables lectores contextualizar esta columna (al menos por un instante o unas cuantas líneas) en clave de mitología para imaginar que allí, en esa zona vivió, hace tanto tiempo que no valdría la pena calcularlo, un centauro llamado Quirón, mitad hombre (desde la cabeza a la cintura) y mitad caballo, que a diferencia de sus otros congéneres no solo tenía muy buen humor, una enorme inteligencia y sabiduría sino que también tenía el detalle de compartir lo que sabía con muchísimos humanos, entre ellos casi todos los héroes de cuanta tragedia o aventura helénica se escribió en aquella época.

Por un lado Quirón, el centauro y por otro, ahora les presento, a un héroe de leyenda: Odiseo, o también llamado Ulises por los romanos.

Este último, legendario personaje que aparece en escritos atribuidos a Homero en La Ilíada y que le da nombre a la Odisea, es en gran medida una de las clave de bóveda para entender todo ese basto cosmos de deidades y luchas humanas englobadas en la mitología griega.

Las buenas costumbres que SI se trasmiten

Para los efectos de la historia utilizaré el nombre de Ulises sobre el de Odiseo, básicamente porque lo presupongo más cercano a nosotros (no conozco ni recuerdo ni se de ningún Odiseo …y si alguien me lee y se llama así… ¡felicidades! Lleva el nombre de una persona muy inteligente y audaz). Sigamos: Ulises se casó con Penélope y tuvo a un hijo llamado Telémaco. Eran griegos. Y fue educado, siempre según una leyenda por ¿adivinen quien?: Quirón.

Por mil razones que no vienen a cuento, Ulises, griego de toda la vida, le tocó ir a combatir a Troya (hoy cerca de Anatolia, en Turquía) cuyo casus belli fue el rapto de la bellísima Helena de Esparta (vaya usted a saber si la chica quería o no) a manos del, al parecer, buenmozo Paris, príncipe de Troya… y, nunca mejor dicho: ardió Troya porque los troyanos y los griegos no eran precisamente amigos.

Ulises el astuto, como era conocido,se fue a la batalla para lavar la afrenta de Paris al pueblo griego, dejando su pueblo Ítaca del que era rey y con la promesa de volver a su amada Penélope, que se quedó tejiendo mientras lo esperaba con su pequeño hijo Telémaco.

Como buen discípulo de Quirón, y sabedor de la importancia de la instrucción para la vida por una buena guía, Ulises al partir a la guerra y preocupado por la educación de su sucesor al trono le pidió a su amigo Mentor (que hay quien cuentan que era nada mas y nada menos que la diosa Palas Atenea, diosa de la sabiduría y patrona de la ciudad de Atenas, convertida en hombre) que se hiciera cargo de su chiquillo y que lo educara como si lo hiciera él mismo. La ausencia duró unos larguísimos 20 años, entre los 10 de la guerra de Troya (La Ilíada lo narra) en donde también se le considera a Ulises el ideólogo de unas de las mas grandes y conocidas estrategias militares y del birlibirloque del mundo antiguo: la construcción del celebérrimo Caballo de Troya con que los griegos le ganaron finalmente a los troyanos en la extenuante guerra y los finales 10 años de regreso a casa pasando todo tipo de penurias y aventuras (en si lo que narra La Odisea).

Y justo aquí comienza mi eje discursivo. Los invito a dejar Tesalia, Ítaca y Troya y nos venimos a esta mitología moderna, donde vivimos hoy día.

¿Coaching para todo y todos?

Que me disculpen mis amigos coaches: si todo es coaching nada es coaching. Y ojo que valoro muchísimo un buen coaching de la misma manera en que puedo distinguir definitivamente una buena copa de un blend de cabernet sauvignon con carmenere de los valles chilenos de Colchagua y Peumo en Cachapoal de otro vino advenedizo con muchas ínfulas y poco sustento. Los culpables con respecto al coaching hemos sido todos nosotros, así como pensar que todos los vinos son buenos por ser vinos. La pluralización en términos de aplicación del coaching por que si, inicialmente sacado del mundo deportivo para entornos igualmente competitivos pero más corporativos, me da la impresión que no siempre da en el clavo. En el submundo de las empresas, muy propenso a imaginarse centros de alto rendimiento deportivo y elite pero para finanzas, marketing, estrategia, etc., adoptó con mucho entusiasmo esta metodología que es en si un proceso de acompañamiento reflexivo y creativo de una persona (el coach) que inspira a maximizar el potencial personal y profesional de otra o de un grupo. Esto sin duda que comenzó con mucha expectativa y aceptación pero que luego se pegó de frente con una verdad incontrovertible: Los buenos coaches son geniales pero los que no lo son mucho, no son para nada buenos. Una razón quizá es que ser coach no requiere tener amplia experiencia en lo que se busca impulsar (me refiero al campo en sí, pues resulta más inspiracional que otra cosa) y eso genera en algunas personas situaciones desconfianza. Es cierto que no se debe ser una lumbrera, tener toda una vida de experiencia o haber escrito 15 libros sobre algo específico para ser coach pero muchas veces y para temas muy puntuales, el haber vivido en carne propia una situación o una decisión es impagable, eso que llaman experiencia, la que no se compra y que es un grado en si misma. También no es menos cierto que hay veces que solamente necesitamos que alguien nos ayude a poner el naipe en orden y empujar hacia delante como sabemos que podemos con lo que tenemos como personas, pero que por alguna razón no lo hacemos como sabemos o como podemos teniendo lo que tenemos.

Los modernos Telémaco y Mentor

Es una perogrullada de bulto decir entonces que el término de mentor o mentoring viene desde la antigua Grecia (otro aporte de su mitología a nuestro acervo cultural común y de empresas) y de la idea de Ulises de dejar en las buenas manos de su amigo Mentor la educación de su nene. El caso es que no siempre necesitamos un sargento que nos haga levantarnos del barro en medio de un entrenamiento, o que de repente se nos vitaminice nuestra motivación para alcanzar algo.

Hay veces que queremos oír la voz de la experiencia con serenidad para nosotros entender como va la cosa. Porque el mentor a diferencia de un coach, si es una figura con muchísimo conocimiento en temas específicos, nos inspira un profundo respeto y sabemos que sabe (no es un juego de palabras, es una posición de certeza que nos da confianza) del tema del que adolecemos o necesitamos consejo y ayuda.

Alejandro Magno, el mismo que a su muerte a los 32 años había conquistado casi todo el mundo conocido: desde Macedonia en Grecia al sur en Alejandría (es fácil suponer de donde viene el nombre de ciudad, una de las maravillas del mundo antiguo por su faro) en Egipto y llegaba hasta el este un poco mas allá del río Indo en bien adentrado Asia central; el que cabalgaba a lomos de Bucéfalo, en su niñez tuvo un mentor de excepción que lo guío: un tal Aristóteles, polímata como pocos (Leonardo y Newton juegan en esa liga) que a su vez había sido enseñado y mentorado por Platón, y este a su vez enseñado por Sócrates, es decir: la columna vertebral del pensamiento filosófico-político occidental concentrado en conversaciones por las tardes. Ante tal mentor ¿Qué se podía esperar de un chico como Alejandro Magno? ¡Que conquistara con ilustración (y fuerza, todo hay que decirlo) el mundo!

¿La cosa va de Coaching vs Mentoring? Para nada

Han habido coaches increíbles, desde siempre, aquellos que no solo inspiran sino que impulsan de manera inquebrantable a sus coachees hasta límites insospechados por ellos. Ejemplos hay muchos y de todos los colores, pero hay uno que especialmente me llama la atención para mostrar el poder de estos. En el año 2000 en la liga de football americano (NFL) ocurrió algo muy raro: en el proceso de selección de jugadores venidos desde la Universidad (draft) de ese año pasaron 7 oportunidades de escoger jugadores por los equipos hasta que en el numero 199 fue escogido el largirucho Thomas Edward Patrick Brady Jr. por los Patriotas de Nueva Inglaterra, que ese mismo año estrenaba entrenador en jefe, el coach Belichick. La lección de esto es que tuvieron que pasar 198 muchachos de los cuales no se recuerdan especialmente a nadie a día de hoy por su trascendencia en el juego para que eligieran al quaterback más determinante de (posiblemente) la historia de la NFL y que hace mancuerna con su coach Bill Belichick para conformar la dupla dinástica más impresionante de la NFL (75% de victorias, 5 campeonatos, una temporada invictos, etc). ¿Qué vio Belichick en Brady?¿Cómo lo empujó a tanto?¿Cómo lo pulió hasta el punto que todos sabemos que no hay resultado imposible a remontar para los Pats de Tom y Bill? Verlos en acción es una lección de coaching en streaming.

La insoportable necesidad de aprender

Hay factores que son condición sine qua non para que proceso de mentoring se lleve adelante: (a) humildadpara reconocer que no lo sabemos todo (hoy menos que nunca) y (b) las ganas y búsqueda de querer aprender y con ello cambiar lo que somos para crecer. Para satisfacer estos dos puntos normalmente recurrimos a libros o websites, nos apuntamos a cursos para conocer más, vemos charlas TED o leemos columnas como estas =) . Pero no es suficiente. Nunca lo es. No hay foro en Internet que lo pueda todo, Wikipedia no siempre está en lo correcto y no podemos dejar nuestro sistema de conocimiento confinado a los algoritmos de Google. Es decir, no podemos ser intelectuales por obra y gracia de códigos binarios únicamente. La insoportable necesidad de crecer exige más, tal como la (c) capacidad de aprender; y de esa forma tener la tríada en la que fundamenta el mentoring (sumen (a)+(b)+(c)).

Una muestra notoria del punto (c) es Chip Conley. Autor de libros y fundador de hoteles boutique desde hace mas de 25 años (cuando el término casi ni se conocía). Con 52 años entró a trabajar como asesor estratégico y hospitalidad de una de las empresas con mas sex appeal del mundo: Airbnb. Según relata en su articulo I Joined Airbnb at 52, and Here’s What I Learned About Age, Wisdom, and the Tech Industry publicado en Harvard Business Review en abril del año pasado, Chip Conley al entrar a esta empresa comenzó de cero, se reseteó completamente. Su mundo, a pesar de ser una leyenda de la hostelería, no era el que él había fundado, ahora todo estaba en el teléfono y de manera visual y de inmediato. ¿Qué hizo? Preguntar y aprender. Él, siendo un babybomer de manual comenzó a entender un nuevo mundo a partir de mentorías de personas con la capacidad y generosidad de compartir su conocimiento y sabiduría que ni se imaginaba, básicamente por dejarse llevar de por las apariencias (por edad, por vestimenta, por generación, por estudios, ______ ponga aquí el sesgo que usted imagine), y ¡creció! Se dio cuenta –y con ello rompió un paradigma mundial-que los Mentor, Quirón o Aristóteles de ultima generación no responden a la edad pero si responden a una intensa experiencia, conocimiento y/o sabiduría a la que asistimos hoy en todos lados y desde nuestra mano; y que existía el mentoring inverso, suerte de ampliación disruptiva 2.0 del mentoreo tradicional donde además de conocimiento y experiencia se le suma puntos de vista distintos, arriesgados e intuitivos, muy propio de generaciones más jóvenes y techies.

El lógica bursátil del mentoring

Ante el commodity que puede ser el coaching, el mentoring es una Golden share que cotiza al alza por su propia ley de oferta (muy poca) y demanda (alta) y el precio que supone tenerla. Es cierto que no todos somos ni podemos ser mentores porque para ello se requiere condiciones especiales (de allí su escasez) aunque deberíamos intentarlo; pero todos podemos buscar ser mentorados por alguien a quien admiramos y reconocemos su valía, y con ello, como Alejandro o Chip, aprender y nutrirnos de otros puntos de vista, experiencias y tener sus consejos para ser nosotros mismos, mejorados y saber qué hacer en aquellas situaciones de tomar decisiones o acciones tanto en la oficina, en la universidad o en casa cuando literalmente arde Troya.

*Consultor y conferencista internacional. Director de RedDart boutique consulting. Especialista en generar valor en las empresas a través de la gestión de innovación, planteamiento estratégico, diseño de modelos de negocios y cambio evolutivo. Ingeniero mecánico con maestrías de administración de negocios (MBA) y gestión de proyectos (MPM); y con Robótica y Automática Industrial a nivel de doctorado.

Está casado con una chapina y tiene un hijo chileno.

Pueden comunicarse con Oscar para comentar esta o cualquiera de sus columnas a su correo electrónico oscarrojasmorillo@gmail.com

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