Opinion
Fecha de publicación: 2018-01-03
El silencio es el mejor aliado de la injusticia. (Foto: iStock).

Cuando el silencio es traición

Así como el progreso humano depende de las personas que hacen lo inesperado por el bien de los demás, el retroceso de la humanidad depende de los que abusan el poder mientras los demás guardan silencio.

Por: Javier Arguello Lacayo*

Mientras celebrábamos el nacimiento de Jesús esta navidad y festejamos la llegada del año nuevo, fácilmente podrá haber pasado desapercibida la muerte del Cardenal Católico Bernard Law, quien provocó mucha polémica cuando se descubrió que había permitido, protegido y ocultado el abuso sexual de cientos de niños en su arquidiócesis de Boston a principios del siglo.

La Iglesia Católica realiza obras sociales a diario mundialmente, ha creado escuelas y universidades donde promueve el pensamiento crítico y la educación universal.

La gran mayoría de sus sacerdotes tienen un compromiso noble y brindan un importante servicio en sus comunidades. Los sacerdotes son pilares de unión para la sociedad y guías morales para las personas. No hay vocación más importante en la sociedad católica que la de forjar el carácter para preparar nuestras almas para la vida eterna. ¿Habiendo tanta evidencia del bien que realiza la Iglesia por que no se dedica el periodismo a reportar sobre este en vez de publicar las violaciones de niños indefensos realizadas por una minoría de los sacerdotes? Ese es el argumento central de los católicos que resienten el reportaje de los abusos sexuales y crímenes contra niños que se han descubierto recientemente.

Esa línea de pensamiento tiene al menos cuatro debilidades. Primero, esto no es un canje donde las buenas obras generan créditos que pueden canjearse por abusos. No hay ley de proporcionalidad que aplique. Ningún volumen de obras sociales justifica el abuso sexual de un niño indefenso. Por cada escuela que la Iglesia construye no se le otorga de premio el permiso de violar a un solo niño. Segundo, la Iglesia no puede traicionar lo que representa al menos que busque desacreditarse por completo. Tercero, no hay que confundir la percibida escasez de cobertura positiva como excusa valida para bloquear la necesaria cobertura de un crimen. Cuarto, así como no es noticia que un carpintero haga un comedor, tampoco tiene que ser noticia que un sacerdote cumpla con su mandato sagrado y promesa ante Dios.

Los peores crímenes contra la humanidad no son la violencia, es el silencio

No hay periodismo investigativo de médicos que ejercen su profesión salvando vidas y curando enfermedades diario. Tampoco hay artículos sobre profesores que dedican sus vidas a educar nuestros hijos con escasos recursos. No es noticia que alguien haga su trabajo, por tan noble que sea su vocación. Debemos celebrar los actos extraordinarios de personas que exceden sus requisitos porque de ellos depende el progreso humano.

En el caso de la Iglesia católica, se celebran los actos y el pensamiento de muchos de sus líderes extraordinarios. Por ejemplo, Don Bosco, quien desarrollo un sistema pedagógico conocido como el “sistema preventivo para la formación de los niños y jóvenes” promovió la construcción de obras educativas al servicio de la juventud más necesitada; Tomas de Aquino, unificó el pensamiento moral al demostrar la compatibilidad de la teología católica con la filosofía moral de Aristóteles; y San Francisco de Asís, quien fue pionero en alejar la Iglesia de la opulencia que la caracterizaba en la Alta Edad Media para promover la humildad en el servicio a Dios. Estos luminarios no fueron defensores del estatus quo. En el caso de San Francisco de Asís, rechazó y retó los dogmas y el estatus quo de la iglesia. Incluso, fue tildado de hereje antes de convertirse en un icono de la Iglesia y finalmente ser canonizado por ella.

El progreso de toda institución ha dependido de los pensantes que retan los dogmas y costumbres que traicionan los valores que están supuestos a representar. Esto es especialmente cierto en la Iglesia católica que a lo largo de su historia ha sido amenazada por tradiciones que traicionan los valores que representa. El liderazgo también requiere que confrontemos la realidad y pidamos perdón, especialmente cuando el liderazgo en cuestión es el de la misma institución que se especializa en evangelizar, predicar sobre la moralidad, y recomienda exámenes de conciencia y penitencias para perdonar nuestros pecados.

A principio del siglo el Papa Juan Pablo II pidió perdón por 2.000 años de violencia, persecución y fallas morales de parte de la Iglesia católica. Desde la basílica de San Pedro en el Vaticano clasificó los pecados de la Iglesia en siete categorías: pecados generales, pecados contra la verdad; pecados contra la unión cristiana; contra los judíos; contra el respeto al amor, la paz y las culturas; contra la dignidad de las mujeres y minorías; y contra los derechos humanos. El Papa Juan Pablo II demostró humildad, madurez y seriedad intelectual en aceptar y pedir perdón “por los errores cometidos en el servicio de la verdad usando métodos que no tienen nada que ver con el Evangelio”.

Así como el progreso humano depende de las personas que hacen lo inesperado por el bien de los demás, el retroceso de la humanidad depende de los que abusan el poder mientras los demás guardan silencio. Los que defienden sus principios no siempre tienen éxito, pero demuestran valentía retando el poder y sus tradiciones ilógicas o inmorales. El poder siempre resiste las reformas porque conllevan la pérdida del mismo poder. Todas las instituciones humanas son falibles y el poder resiste el cambio.

Los estándares y las leyes nos aseguran que el medico nos opera porque su preparación académica ha sido certificada por un cuerpo médico que verifica y certifica su conocimiento. La industria de médicos, por tan noble que sea su profesión, debe regirse por estándares éticos y un marco legal que protege a sus pacientes. Si una secta de doctores decide que ciertas etnicidades no merecen vivir y se aprovecharan de la ignorancia o vulnerabilidad de sus pacientes para recetarles medicina que los envenena, seguramente la sociedad demandaría la justicia. Si esta secta de doctores encontrara países donde no hay estándares éticos o legales, mientras se les garantiza la inmunidad e impunidad a través del sigilo médico, el país se convertiría en un imán para los asesinos disfrazados de doctores. La justicia existe para prevenir o detener los crímenes mientras que la información (el periodismo investigativo en este caso) existe para dar a luz el mal que florece en la oscuridad. Las denuncias son aun mas importantes cuando las instituciones gozan de cierta inmunidad y/o secretismo.

Los profesores que educan nuestros hijos asumen una responsabilidad que afecta la prosperidad de cada niño y la prosperidad colectiva de nuestras sociedades. La responsabilidad es desproporcional comparada a su remuneración financiera o al apoyo y preparación que ellos mismos reciben. La mayoría lo hacen por una vocación noble de brindar un servicio público. Se podrían escribir cienes de libros diario destacando médicos, sacerdotes y/o profesores que hacen su trabajo o exceden expectativas, especialmente cuando carecen de recursos para brindar sus servicios.

En el otro extremo de los miles de héroes desconocidos que educan a nuestra juventud esta Elba Esther Gordillo, quien fungió como Secretaria General del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en México desde 1988 hasta 1994. Mientras devengaba un salario de aproximadamente US$3,000 al mes se le atribuye la malversación de mas de $156 millones de dólares del mismo sindicato de profesores. No solo robaba los escasos recursos para la educación de los niños, Gordillo institucionalizó, magnificó y centralizó la corrupción del sistema educativo entero. Incluso, se le atribuye el poder de influir las elecciones presidenciales ya que los 1.4 millones de profesores votaban en bloque por el candidato de la secretaria Gordillo. La incapacidad del sistema judicial de castigar su corrupción provocó una forma de metástasis del cáncer que ella representó. Por lo tanto, los efectos perversos perdurarán después de su sentencia y muerte, afectando de forma adversa la calidad de educación y oportunidades en la vida que tendrán millones de niños inocentes.

¿Sería injusto para todos los profesores nobles que ejercen su vocación sin reconocimiento y con escasos recursos que el mundo conozca la corrupción de Gordillo o que se demande justicia? ¿Es realmente injusto o cruel para los miles de profesores inocentes que los periodistas nos den a conocer la corrupción de Gordillo? ¿Sería mejor para el honor de la gran mayoría de profesores inocentes que se permita el abuso de poder y corrupción de las minorías? ¿Sería esto lo correcto para nuestra juventud? Las preguntas retoricas revelan lo ilógico que fuera una respuesta afirmativa a las mismas. Irónicamente, esa es la línea de pensamiento de muchos católicos que se sienten ofendidos ante las denuncias.

La incompetencia del sistema judicial (o corrupción institucionalizada) fue la que le permitió el sigilo, la impunidad, y la enorme influencia y poder que obtuvo Gordillo. ¿No seria mas racional asumir que proteger a Gordillo es un insulto a los miles de profesores éticos que trabajan con integridad, aunque el sistema que los apoya sea corrupto y les reste oportunidades, beneficio y dignidad?

El silencio es el mejor aliado de la injusticia. Lo protege a través de un apoyo indirecto a la corrupción que permite que este florezca. Esto es especialmente cierto cuando el Estado de Derecho es débil. En Latinoamérica conocemos el efecto socioeconómico de la corrupción institucionalizada del estado al igual que la del sector privado. Es menos conocido o discutido el efecto adverso del silencio y la corrupción cuando la institución goza de privilegios especiales, como es el caso de la Iglesia. Reconocemos que está compuesta por personas falibles operando en una institución inmunes a leyes o al escrutinio público. El poder se magnifica cuando el creyente sustituye la justicia con la fe. La fe es para Dios, mientras que las leyes son para los humanos. Hemos confundido la lealtad de sus seguidores a través de la fe en Dios con la suspensión del raciocinio para evaluar los actos de sus representantes dentro de la Iglesia. La fe no es ciega o tonta. Es pensante y debe ser defensora de las anomalías que prostituyen los valores universales que la Iglesia representa.

En el caso de los crímenes cometidos por miembros de la Iglesia, el silencio es desleal a Dios y fiel al abuso de poder y a la corrupción que destruye las instituciones. El silencio traiciona los valores que la Iglesia representa y es una irresponsabilidad e insulto a la gran mayoría de sacerdotes inocentes que se ven manchados por los actos criminales de sus colegas. No hay ejemplo alguno en la historia de la humanidad donde la corrupción o el abuso de poder se revierta con la protección que le brinda el silencio, la inmunidad, y/o la impunidad. Abundan ejemplos donde lo opuesto es cierto. El servilismo del silencio ante el mal ha destruido instituciones tan pequeñas y sagradas como el núcleo familiar y tan grandes como reinados y/o instituciones financieras globales.

Difícilmente hubiera sido arrestada Gordillo si su corrupción permanecería secreta. El periodismo investigativo facilito que figurara entre de las diez personas más corruptas de México por el ranking de corrupción de la revista Forbes. La concientización de los ciudadanos provoco presión social, que fue difícil de ignorar por los políticos impunes que se lucraban de los acuerdos con Gordillo.

La presión social es esencial para provocar reformas, especialmente cuando estas suelen ser resistidas por las tradiciones, burocracia o los beneficiarios del estatus quo. Es incongruente que la comunidad católica demuestre su lealtad a la Iglesia guardando y pidiendo el silencio ante las violaciones de niños indefensos de parte de los sacerdotes. La aberración de estos actos es universal pero donde se divide la opinión de los católicos es en la forma como se debe resolver la crisis. Cuando una minoría de representante de Dios en la tierra traicionan todo lo que Dios representa no es momento de guardar silencio, respetar tradiciones o demostrar lealtad a la falibilidad. Lo único que el mal requiere para triunfar es que los hombres y mujeres buenos no hagan nada. Así ascendieron los Nazis al poder. La malicia es proactiva por definición mientras que el bien no necesariamente tiene que ser proactivo. Por lo tanto, el bien no puede ser pasivo ante el mal. Como solía decir Martin Luther King Jr., la injusticia en cualquier lugar es una amenaza a la justicia en todo el mundo.

En el caso de las violaciones sexuales de niños que ocurrió por décadas de forma institucionalizada y protegida por la Iglesia, sabemos que el silencio no lo resolvió. Mas bien, lo magnificó. Es de esperarse. El silencio protege los actos criminales que normaliza y fomenta mientras traiciona a Dios y destruye la institución que lo representa. Esto es especialmente cierto en los casos de abuso sexual donde el 90% de los abusos son hechos por personas conocidas y de confianza y el trauma emocional provoca silencio de parte de los niños indefensos y sin voz. En promedio toma 33 años antes de que una víctima de abuso sexual rompa el silencio.

En el caso de la arquidiócesis de Boston, las violaciones contra niños inocentes e indefensos llevaban por lo menos seis décadas de ser cubiertas por la Iglesia e involucraba a más de 235 sacerdotes que habían violado a 790 niños (casos comprobados) según la investigación legal que culmino en el 2003. De estos, 48 sacerdotes habían abusado sexualmente a niños bajo el encubrimiento del Cardenal Bernard Law. El abuso sexual de niños de parte de la diócesis bostoniana revelo una pequeña muestra de los crímenes que la Iglesia conocía y ocultaba a nivel mundial. La respuesta de la Iglesia Católica fue decepcionante. El Cardenal fue trasladado al Vaticano y puesto a cargo de Santa María Maggiore, una de las cuatro basílicas de Roma. Incluso, se le permitió participar en el conclave para elegir al Papa Benedicto.

BERNARD LAW FUNERAL PAPA FRANCISCO(800x600)

El Cardenal Bernard Law falleció el 20 de Diciembre del 2017, y recibió un funeral opulento en la misma basílica de San Pedro del Vaticano donde el Papa Juan Pablo II había pedido perdón por los pecados de la Iglesia.

En el 2017 surgió otro escándalo similar. En Australia, la Comisión Real de Respuestas Institucionales a Abuso Sexual de Menores conllevo una investigación comprensiva, que descubrió 4.444 casos de abuso sexual. La comisión determinó que en promedio el 7% de los sacerdotes en Australia entre 1950-2009 fueron acusados de abuso sexual. Seguramente habrá más regiones del mundo que hará investigaciones de abuso. Lo único que la Iglesia puede controlar es cómo reacciona y cuán rápido se reforma. No puede ser letárgica como ha sido en el pasado.

Los adultos deben ser responsables por sus actos, especialmente un sacerdote que se puede aprovechar de una persona creyente que busca un guía espiritual en los momentos más vulnerables de su vida. Es muy fácil para un sacerdote violar a un niño si sus padres los lleva al sacerdote mientras le inculca que son iluminados por Dios. El perdón y aceptación de las realidades son necesarias para que la Iglesia sea creíble y confiable. Como dijo el Papa Juan Pablo II, “una excusa es peor y más terrible que una mentira, ya que la excusa representa la protección de una mentira.” Si la Iglesia pretende que confiemos nuestros hijos en manos de sus sacerdotes o desea tener la autoridad moral de guiar nuestros espíritus y prepáranos para la vida eterna, no puede ser indiferente ante la inmoralidad de sus sacerdotes o lenta en reformar los actos inmorales de sus representantes. Demasiadas veces en la historia la iglesia a estado en el lado equivocado de la moralidad y demostrado ser muy lenta en pedir perdón y cambiar su postura.

*Director Ejecutivo de COGx (www.cogx.info)