Opinion
Fecha de publicación: 2017-12-08
Temas como la soberanía nacional, la unidad de España, la organización territorial, la delimitación de competencias de los diferentes niveles de gobierno y la financiación de las autonomías, están entre los temas de las agendas de los interesados en reformar o enmendar la Constitución de 1978. (Foto: AFP).

¿Crisis de los 40? 

El pasado 6 de diciembre, la Constitución que enterró al franquismo cumplió 40 años, los mismos que duró la dictadura. Sin embargo es un período breve si se toma en cuenta la historia de España, de la cual nuestros pueblos compartieron no poco tiempo.

Por: Virgilio Levaggi*

Fenómenos políticos como Ciudadanos o Podemos así como los secesionistas catalanes indican los vientos de cambio para la sucesora de la Constitución que surgió de las Cortes de Cádiz y que desmanteló el Antiguo Régimen. Ha cumplido 39 años sin ser modificada ¿seguirá así? No parece.

Temas como la soberanía nacional, la unidad de España, la organización territorial, la delimitación de competencias de los diferentes niveles de gobierno y la financiación de las autonomías, están entre los temas de las agendas de los interesados en reformar o enmendar la Constitución de 1978.

Preparando estas líneas me encontré con estas ideas: “Viví muy directamente el pacto del 78. Con carácter general debo señalar que no debemos olvidar que la Constitución es algo más que una Carta Magna: es casi un armisticio en virtud del cual una larga historia de convivencia incivilizada y violenta de los españoles trata de ser orientada por los derroteros de la libertad y la tolerancia, comenzando por un amplio pacto sobre los principios y las reglas del juego que debían ordenar nuestra vida en común. En una sociedad de identidades complejas, se trataba también de establecer "un suelo cívico" a partir del cual poder desarrollar en libertad y desde la solidaridad los hechos diferenciales y singulares que confluían en un territorio-Estado común llamado España”. Las escribió hace 12 años el diputado Benegas, socialista por Vizcaya.

Ellas expresan el meollo a lo que ha servido tan bien la Constitución Española de 1978: la convivencia civilizada.

Nadie que llegue a España puede dejar de reconocer los niveles de progreso que ha alcanzado el país, en democracia, en términos de dignidad ciudadana. Tampoco en modernización de su economía, desarrollo de las artes, solidez deportiva (no sólo en fútbol) o contribución con los avances científicos.

Todo esto en una democracia en la que ha habido y hay alternancia en el poder tanto a nivel central como descentralizado y que debe combatir sus propias lacras, como la corrupción en la política, y tiene aún pendiente aspectos relevantes de la agenda sociolaboral de las españolas y los españoles.

No obstante las limitaciones que toda obra humana tiene, la libertad y la tolerancia -componentes esenciales del “suelo cívico” español- han ido adquiriendo cada vez más espacio.

España no es Jauja; pero es una sociedad en la que las personas cada vez cuentan más. Pero Jauja es, al fin y al cabo, una utopía; mientras que el día a día es la prueba de toda democracia, de todo Estado de Derecho y de toda comunidad que busca ser cada vez más humana.

Las elecciones catalanas del 21 de diciembre serán uno de esos días de prueba antes que se concluya el año 40 de la Constitución de todos los españoles.

*Analista

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