Opinion
Fecha de publicación: 2017-07-21
Sin lugar a dudas los países miembros de la UE siguen teniendo una calidad de vida muy superior a la del resto del mundo; sin embargo la desocupación juvenil y el crecimiento del número de pobres son dos indicadores de las desigualdades al interior de tales sociedades. (Foto: iStock).

Mirando al norte

Harían bien los líderes latinoamericanos en comprender lo que la situación europea enseña respecto del tipo de progreso que debe buscar la economía en el largo plazo.

Por: Virgilio Levaggi*

La ceremonia del adiós de Helmut Kohl (el Canciller de la integración) en el Parlamento Europeo en Estrasburgo, en presencia de un ascendente Macron y una Merkel en suspenso -hasta las elecciones alemanas de setiembre-, simbolizó la fuerza de un antiguo sueño (la unidad de Europa) y su estado actual: aletargado. También la voluntad de recuperarlo y seguir construyéndolo.

Hoy en la dirigencia de los países de la UE se expande el consenso de que no hay progreso sin solidaridad y en las calles se extiende, aún con indignación, la demanda porque el progreso sea para todos.

¿Estará Europa a la altura de los múltiples desafíos que enfrentan sus ciudadanos, entre los que destaca la llegada a sus costas de millares de hombres, mujeres y niños desde Africa y Asia buscando un destino mejor?

Como en toda coyuntura histórica el diagnóstico es sencillo; pero las respuestas complejas. Hoy entre los políticos europeos hay tensión entre los valores y el pragmatismo; entre el voto y el bien común.

¿Brexit, autoritarismo a la húngara, retiro del Euro, rechazo de migrantes o acción guiada por el humanismo que nació en Europa?

Sin lugar a dudas los países miembros de la UE siguen teniendo una calidad de vida muy superior a la del resto del mundo; sin embargo la desocupación juvenil y el crecimiento del número de pobres son dos indicadores de las desigualdades al interior de tales sociedades.

Es cierto que la economía de los 27 viene recuperándose; pero no a la velocidad necesaria para satisfacer las demandas de mejora de las mayorías.

Más aún se comienza a tomar conciencia de que la democracia no funciona sin protección a los más débiles. No son pocos los ciudadanos europeos que han realizado los actos terroristas en nombre de una ideología de la muerte que invoca utilitariamente a Mahoma.

Harían bien los líderes latinoamericanos en comprender lo que la situación europea enseña respecto del tipo de progreso que debe buscar la economía en el largo plazo, por ejemplo, y darse cuenta que las relaciones de América Latina (especialmente Centroamérica) con Europa deben cambiar. Ellas deben ser útiles para que Europa enfrente sus desafíos internos y no pensar en ella sólo como donante.

La dimensión demográfica de la crisis europea puede ser una oportunidad en la que no sólo la geografía juega un rol y la cooperación para la afirmación democrática un espacio para una nueva relación mutuamente beneficiosa.

*Analista

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