Opinion
Fecha de publicación: 2017-05-15

El lado oscuro de la crisis en El Salvador

Las muestras de un país en deterioro y retroceso de esta nación no se pueden tapar con un dedo y continuar por esa ruta que, lejos de mejorar a El Salvador, lo hundirá en un abismo en el lado oscuro donde nadie quiere estar.

Por: Daniel Suchar Zomer*

El mundo se está moviendo continuamente, y con él, el ritmo con que bailan cada uno de sus países tiene su propio ritmo. En líneas generales, según el FMI, el orbe baila en este 2017 con un +3,5%; apalancado más que todo, en países emergentes y mercados en desarrollo (+4,6% a nivel mundial).

Dentro de estos últimos, la región de Centroamérica es una que ubica su crecimiento por encima del mundo, con un +3,9% vs 2016; siendo muy atractiva para la visión de nuevos inversores, creación de empleos, progreso económico y potencial financiero para el planeta. Pero lamentablemente, el país que “se trae abajo” ese promedio en el istmo, es El Salvador.

El país cuscatleco proyecta para este 2017, un crecimiento cercano al +2,0%; muy debajo de sus colegas como Panamá (5,7%), Nicaragua (4,0%), Costa Rica (3,9%), Honduras (3,5%) o Guatemala (3,2%), proyecciones del Banco Mundial para dichas naciones. Lo interesante también de El Salvador, es que sus indicadores presentan “pérdida de valor” a lo largo de los últimos 10 años.

Para el caso del indicador de hacer negocios, la nación de la Miss Maribel Arrieta; ha tenido altibajos a lo largo de la última década. El país llego a mantenerse en posiciones de los peores del mundo (entre 2011 y 2014 por debajo del puesto 100), hoy en día en la posición 86, pero sin poder superar el #76 del año 2005. El ambiente de corrupción que existe es descomunal y repele definitivamente a cualquier inversionista extranjero que desee colocar su dinero en esta economía de apenas 6,5 millones de habitantes.

En el índice de competitividad global, el panorama es aún peor. Si bien en el año 2005 se jactaba de estar colocado en la posición #56 del orbe, actualmente ubicado por debajo de los primeros 100 según el Banco Mundial. Y no es para menos, pues su caída es tendencial pasando por posiciones de #101 (2012) y #95 (2015), para ahora estar ubicado en el # 102 (2016). La constante confrontación entre el Gobierno de turno y el sector privado, aunado a un país que no posee la posibilidad de devaluar su moneda, pues han adoptado el dólar estadounidense como divisa oficial de circulación nacional; hace que el país tenga pocas opciones para volver más competitiva su economía.

Con esto último, también sale “salpicado” el tema de libertad económica. Cuando rondaba los años de principio de siglo 21, El Salvador gozaba de un puesto dentro del Top 20 del planeta; la caída estrepitosa de este indicador es el reflejo del desorden político, económico y social que mantienen hoy en día. El 2016 se cierra en la posición #69, y eso considerando que es un país donde existe un buen flujo de remesas desde los Estados Unidos y la economía dolarizada, que no desenfoca al ciudadano común en atender problemas de devaluación.

Por otra parte, el novelista David Escobar Galindo estaría mucho más contento con el indicador del Desarrollo Humano de la primera década del siglo (#74 en 2005) que con los de la segunda década (por debajo de 100). Y es que todo lo anterior, debe sucumbir y derivar en la calidad de vida de los ciudadanos salvadoreños. Cuando una nación no presenta ni tiene las condiciones para atraer inversionistas, es difícil promover la creación de los empleos que demanda la población, que termina afectando el bolsillo de los hogares y continúa estancando la economía local.

El último dato del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), indica que desde noviembre de 2014 a noviembre de 2015 el empleo creció 0.5 %, es decir que solamente se crearon 4,145 empleos, de los 60 mil que se necesitan por año, que también acarrea un problema profundo en las arcas de esta institución, que al día de hoy, está prácticamente en la “Bancarrota”.

Por el lado financiero, los observadores internacionales son bastante críticos y ácidos a la hora de catalogar al país de Funes o Saca (Ex presidentes indicados por actos de corrupción de carácter mundial). Estos se han degradado tanto, que las calificadoras de riesgo más importantes, lo han mantenido en niveles de B+ (Fitch) y Ba3 (Moody’s), coincidiendo estos emisores de instrumentos, como bonos “altamente especulativos” con riesgo de caer en default o impago de los mismos. En palabras menos técnicas, los inversionistas no les gusta el país para sus colocaciones.

Y a su vez, El Salvador está colocando bonos en el mercado internacional, que debe pagar más intereses de los que cancelaba una década atrás, pues su riesgo financiero ahora es mayor. Con esto, el indicador de la Tasa de Interés de los Bonos de Mercados Emergentes (EMBI) está mostrando una gran diferencia entre lo que pagan sus bonos y lo que hacen los bonos del Tesoro de los EEUU, que son libre de riesgo. Colocando cifras al asunto, los “libres” pagan 2% y el sobreprecio salvadoreño es de 6,93%. Por lo tanto, los cuscatlecos pagan por sus bonos un total de 8,93%, muy atractiva tasa pero incrementa la deuda externa haciéndola cada vez más cara.

Y es que el problema del país de Mauricio Cienfuegos, es que presenta el mismo síntoma que otros países latinos, centrado en el desorden político del Gobierno de turno. En estos momentos, Cerén mantiene un serio problema del gasto interno creciente, un desequilibrio macroeconómico importante (comentado anteriormente) y un sinfín de actos de corrupción que están manchando la imagen de un país que no supera los 22.000 kms2 (puesto #152 del mundo), lo cual se refleja en el alto riesgo de inversión en dicha nación.

Y al hablar de corrupción, El Salvador queda en el puesto #95. Personajes como Francisco Flores y sus aviones de Taiwán, la malversación de fondos para beneficiar amigos de parte de Funes, el tráfico de armas desde el ejército nacional, el escándalo de Enrique Rais y el Fiscal General Luis Martínez y sus viajes en aviones del gobierno, como el desvío de fondos públicos de Sigfrido Reyes para las compras del Instituto de Previsión Social de la Fuerza Armada (IPSFA); hacen que el país refuerce esa posición global de corrupción.

El país lo que debe es organizarse internamente, dejar los egoísmos y pensar en el colectivo. Sánchez Cerén tiene las herramientas para poder dejar una deuda pública por debajo del 40% de su PIB (59,9% en 2016) para que así los inversionistas lo vean con ojos de una economía sana y con capacidad de pagos. Las muestras de un país en deterioro y retroceso de esta nación no se pueden tapar con un dedo y continuar por esa ruta que, lejos de mejorar a El Salvador, lo hundirá en un abismo en el lado oscuro donde nadie quiere estar.

*Analista Económico. Profesor Universitario.

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