Opinion
Fecha de publicación: 2017-05-15

¿Es suficiente reconocer el sesgo para aprender de un diálogo?

Se utiliza el sesgo para atraer personas que piensan igual y saciar la necesidad de afirmación de una ideología, creencia religiosa o filosofía de vida.

Por: Hugo Díaz*

Recientemente escuché en la radio una entrevista con Chelsea Clinton en la que abiertamente admitía que tenía un sesgo hacia sus papás y hacia las ideas “progresistas”. Sus anécdotas confirmaban lo que dijo, su punto de vista era claramente desde una sola perspectiva y no parecía tener intención de entender otro punto de vista.

Esto no es poco común, la mayoría de los medios en Estados Unidos tienen un sesgo claramente identificado y reconocido. El asunto es que sus seguidores rara vez entablan un diálogo. En cambio, se utiliza el sesgo para atraer personas que piensan igual y saciar la necesidad de afirmación de una ideología, creencia religiosa o filosofía de vida.

El Psicólogo Daniel Kahneman ha acuñado el término “sesgo cognitivo” que en general se define como “un efecto psicológico que produce una desviación en el procesamiento de lo percibido, lo que lleva a una distorsión, juicio inexacto o interpretación ilógica”. Sus experimentos han demostrado que los seres humanos utilizamos el sesgo como un “atajo” ante la complejidad y exceso de información para poder tomar decisiones rápidas. Es decir, el sesgo es una herramienta y como tal, puede ser utilizada de forma incorrecta y producir resultados negativos.

Reconocer esta realidad nos debería permitir evaluar mejor los procesos que pueden ser afectados por el sesgo e idealmente diseñar formas de manejar dicho sesgo de manera efectiva. Por ejemplo, si el sesgo limita nuestra percepción, ¿puede también limitar nuestro aprendizaje? De ser así, ¿se puede manejar el sesgo efectivamente para aumentar nuestro aprendizaje?

Como facilitador de discusiones en diálogo socrático constantemente invito a los estudiantes a que tomen una postura firme y la defiendan hasta el final aunque crean que puedan estar equivocados. Esto ocasionalmente puede causar comentarios muy sesgados ya que el estudiante tiende a crear un fuerte interés por demostrar su punto como el correcto. Para contrarrestar este fenómeno, en algunas ocasiones voy un paso más lejos y le pido a alguien que defienda la postura contraria a la que considera correcta. Esto último es difícil si el estudiante llegó preparado para defender su punto de vista y presentar un plan de acción sin tomarse el tiempo de entender qué argumentos podrían tener las personas con opinión contraria. El ejercicio los obliga a ponerse en los zapatos de personas con diferente punto de vista y pensar cómo debatirían sus propias creencias.

Si el estudiante toma conciencia durante este proceso es posible que pueda darse cuenta de sus propios sesgos y ampliar su perspectiva. Éste es sólo el primer paso para elevar su experiencia de aprendizaje. El siguiente paso es procesar la información adicional e identificar las preguntas sin respuesta. Para ello, hay que explorar más allá de la información disponible y hacerse preguntas como: ¿cuáles son los puntos ciegos de cada perspectiva? Es decir, ¿dónde se pierde o es bloqueada cierta información? ¿Qué paradigmas se deben romper para acceder a otro punto de vista? ¿Cuáles son los supuestos base de cada perspectiva? ¿Existe forma de validar dichos supuestos?; sino ¿cómo decido que supuestos utilizar para tomar una decisión?

Este proceso puede ser aplicado fuera del aula en situaciones cotidianas. Por ejemplo, al leer un artículo o durante una conversación casual, se puede identificar rápidamente cuál es nuestra postura inicial sobre un tema y decidir entrar en modo de observación para explorar, aprender y ampliar nuestra perspectiva. No es fácil hacerlo pero es indispensable si se está comprometido con entender la realidad y tomar decisiones conscientes.

*Director UFM Acton MBA

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