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Opinion
Fecha de publicación: 2017-01-03

Los pandas están de regreso gracias al crecimiento económico

La pobreza es a menudo un detonante de la contaminación. Si un país es pobre, no se puede permitir una tecnología más limpia o invertir en limpieza. Los lugares más contaminados del mundo son casi siempre los más pobres.

*Por Bjorn Lomborg

Los pandas gigantes son uno de los animales favoritos de todo el mundo, es frecuente que se conviertan en protagonistas de vídeos virales que causan sensación simplemente por el hecho de estornudar o rodar de forma totalmente adorable. En un año que parece haber tenido pocas alegrías hubo una buena noticia para todos los amantes de estos osos, cuando la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza les quitó de la lista de especies en peligro de extinción, rebajando su estado de amenaza al grado de "vulnerable".

Todavía no debemos considerar que están completamente a salvo. Sin embargo, hay algunas lecciones claras y quizás sorprendentes de ésta y otras historias de éxito. La principal de todas ellas es que el crecimiento económico puede ser bueno para las especies en peligro de extinción y, en un sentido más amplio, para el medio ambiente.

Es fácil tener la impresión de que un país que se está enriqueciendo, tiene como resultado el deterioro de un paraíso idílico para convertirse en una zona desértica industrializada, en la que los contaminantes son emitidos a voluntad, los animales están en peligro y las plantas nativas son pisoteadas en una destructora carrera por el crecimiento.

Esta forma de pensar es mostrada por la ONG medioambiental, Worldwatch Institute, que afirma en su informe del 2015 “La situación del mundo" que "el crecimiento económico conlleva más problemas medioambientales" y que "el crecimiento en sí mismo debe ser abandonado como objetivo nacional".

La verdad es que la pobreza es a menudo un detonante de la contaminación. Si un país es pobre, no se puede permitir una tecnología más limpia o invertir en limpieza. Los lugares más contaminados del mundo son casi siempre los más pobres.

Cuando se inicia la industrialización, algunos problemas ambientales empeoran. Prueba de ello es la contaminación del aire, por mucho la principal causa de muerte de tipo medioambiental del mundo.

China, el hogar del panda gigante, ha experimentado niveles mucho más altos de contaminación del aire exterior desde su rápida industrialización. En 1990, las muertes anuales por contaminación del aire exterior se situaron en casi 600.000, pero ya han aumentado a 900.000.

Sin embargo, paralelamente, un problema medioambiental mucho más significativo ha mejorado. Con el aumento de los ingresos, un número considerablemente menor de hogares tiene que recurrir a la quema de madera y carbón para cocinar y mantenerse calientes. Esto ha reducido las muertes anuales debidas a la contaminación del aire interior de 1.1 millones, en 1990, a 800.000 en la actualidad. En total, las muertes por contaminación del aire se han mantenido en una cifra bastante constante. Teniendo en cuenta el significativo aumento de la población que hay en China hoy en día, el riesgo de morir a causa de la contaminación del aire en realidad ha disminuido en el país, y esto se debe al aumento de la riqueza.

Por otro lado, el aumento de la prosperidad ha ayudado a la gente de muchas otras maneras. China ha conseguido sacar de la pobreza a 800 millones de personas desde 1978. La proporción de jóvenes con educación superior ha pasado de un 1,8 por ciento a un 20 por ciento, y la esperanza de vida ha aumentado en diez años hasta situarse en los 75 años.

Resulta que todos estos factores también son buenas noticias para el panda. El desarrollo ayuda al medio ambiente, debido a que un país se centra menos en sobrevivir, y más en otras cuestiones, como el cuidado del medio ambiente. Las encuestas muestran que a medida que los chinos se han hecho más ricos, también se están preocupando más por el medio ambiente.

Observamos una tendencia similar en los bosques en los que vive el panda. A medida que los países se hacen más ricos, dejan de deforestar y comienzan a reforestar. Dinamarca estuvo hace tiempo cubierta, de forma natural, por bosques, pero la agricultura hizo retroceder la extensión hasta que los bosques ocuparon sólo un 2-3 por ciento de la superficie total del país en 1800. Más tarde, Dinamarca se convirtió en lo suficientemente rica como para centrarse en la reforestación, y actualmente los bosques cubren el 14% de su territorio. En este sentido, China ya está haciendo progresos: desde 1990, la superficie forestal ha aumentado en un asombroso 33%.

Esta mayor preocupación por el medio ambiente ha contribuido a que sea más fácil para el gobierno chino dirigir los esfuerzos de conservación del panda no sólo mediante la protección de los bosques, sino también mediante el aumento del número de reservas y gracias a la creación de "pasillos" para que las poblaciones de pandas salvajes aisladas puedan mezclarse y fortalecer el patrimonio genético de la especie.

Esto no es sólo beneficioso para estos osos tan fotogénicos. Si bien existe cierta preocupación en torno a que la reforestación china aún no es tan diversa como debería ser, investigadores de la Universidad Duke han descubierto que el 70 por ciento de los mamíferos forestales del país, el 70 por ciento de las aves forestales y el 31 por ciento de los anfibios de bosque viven dentro del alcance geográfico de los pandas y de las reservas que han sido establecidas para protegerlos. En otras palabras, el panda ha actuado como una 'especie paraguas'. Salvemos al panda y podremos salvar a otros animales.

De forma similar, el enriquecimiento ha permitido a otros países centrarse en ayudar a las especies que luchan por su supervivencia. Por ejemplo, las nutrias de Singapur han vuelto gracias a los grandes esfuerzos por limpiar el agua que un país empobrecido no habría podido permitirse pagar.

Y así como los pandas se han alejado un paso más de la extinción, debemos prestar atención a las lecciones aprendidas, para escribir más historias con un final feliz.

(*) Bjorn Lomborg es director del Copenhagen Consensus Center y autor de los best seller “El ecologista escéptico” y “Cool It”. Considerado una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time, una de las 75 personas más influyentes del siglo XXI por la revista Esquire y una de las 50 personas capaces de salvar el planeta por el periódico The Guardian, del Reino Unido. Además, es profesor visitante de la Copenhagen Business School.

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