¿Y si los empresarios tuvieran Juramento Hipocrático?

Por: Arturo Condo*, el viernes, 05 de marzo de 2010

Así como los médicos hacen su Juramento Hipocrático al graduarse, el rector del Incae, Arturo Condo, como miembros del Foro de Young Global Leaders propone que los líderes de negocios asuman una conciencia similar. ¿Se anima a ser parte?

¿Y si los empresarios tuvieran Juramento Hipocrático?
El Foro de Young Global Leaders se propone iniciar una nueva era dentro de la deontología de la actividad empresaria.

 

Desde la reunión del Foro Económico Mundial en Davos en el 2009, un grupo de miembros del Foro de Young Global Leaders hemos trabajado en desarrollar lo que hemos llamado un Juramento para Líderes Empresariales.

La idea detrás de esta iniciativa es crear una conciencia similar a la que los médicos tienen sobre su rol en la sociedad. El Juramento Hipocrático que estos toman al graduarse, perfila lo que se espera de ellos por parte de los demás seres humanos.

No es un contracto legalmente válido, es más bien un reconocimiento de responsabilidades profesionales. Los gerentes, los graduados de un MBA, y los empresarios no tenemos –o no teníamos– nada parecido.

A lo largo de dos años hemos formulado esta “declaración de propósitos” y la hemos consultado con centenas de líderes empresariales en todos los continentes. Este año, a partir de la reunión del Foro Económico Mundial en Davos en enero pasado, hemos comenzado a difundirlo en forma amplia. Quiero compartirlo con ustedes para que consideren asumirlo como compromiso personal. El juramento se lee así:

Como un líder de negocios, reconozco que:

-              La empresa que dirijo debe servir al bien común, agrupando personas y recursos para crear valor que una persona, por sí sola, no puede generar.

-              Mis decisiones pueden tener consecuencias de largo alcance que afecten el bienestar de individuos dentro y fuera de mi empresa, en el presente y el futuro.

-              Al conciliar los objetivos de diferentes grupos de interés, enfrentaré decisiones difíciles para mí y para otros.

Por lo tanto prometo que yo:

1.            Lideraré mi empresa con escrupulosidad y buena fe, y no permitiré que mis intereses personales se sobrepongan a los intereses de largo plazo de mi empresa, ni los intereses de la sociedad en general.

2.            Entenderé y acataré, tanto en su letra como en su espíritu, las leyes y contratos que gobiernen mi conducta y la de mi empresa.

3.            Respetaré y defenderé los derechos humanos y la dignidad de todas las personas que son afectadas por mi empresa, y me opondré a toda forma de discriminación y explotación.

4.            Respetaré y defenderé el derecho de las futuras generaciones de disfrutar un planeta limpio y con recursos.

5.            No participaré en sobornos, ni toleraré cualquier otro tipo de corrupción.

6.            Presentaré el desempeño y los riesgos de mi empresa de una manera precisa y honesta a cada uno de los grupos afectados por ella.

7.            Participaré activamente en esfuerzos para encontrar soluciones a temas ambientales y sociales críticos, que sean centrales a mi empresa.

8.            Invertiré en mi desarrollo profesional, así como en el desarrollo profesional de los gerentes bajo mi supervisión.

 Al ejercer mis labores profesionales de acuerdo con estos principios, reconozco que mi comportamiento debe ser un ejemplo de integridad y conducta responsable.

Tomo este compromiso libremente y sobre mi honor.

Muchas críticas y comentarios se han hecho sobre esta idea en los últimos 12 meses, las dos más comunes se relacionan con el carácter voluntario y honorífico de este compromiso, y con la insuficiencia de un “juramento” para inducir un cambio en el comportamiento humano. En ambos casos las críticas son válidas.

Por un lado, este es en realidad un compromiso basado en el honor personal. De hecho, tenemos en este momento una discusión encendida sobre si deberíamos –o no– tratar de crear algún mecanismo de cumplimiento.

Por otro lado, reconocemos que el simple hecho de leer y adoptar un juramento no va a cambiar en forma automática el comportamiento de millones de personas alrededor del mundo. Sin embargo, el hecho en sí implica un reconocimiento explícito del rol que esas personas, a cargo de los activos y recursos financieros de otros, se espera que desempeñen en la sociedad.

Representa también una oportunidad de comunicar ese rol a quienes no son parte del mundo empresarial y no se identifican con esta profesión. Por último, no es, para quienes estamos involucrados en este esfuerzo, más que el inicio de un proceso que esperamos nos permita motivar un cambio en el rol de la empresa privada, con fines de lucro, en el bienestar de la sociedad.

Si le motiva adoptar estos principios, puede ingresar a www.globalbusinessoath.org y expresar su compromiso públicamente. ¿Se anima?

* Rector del Incae. Columna especial para Estrategia & Negocios.

 
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