El mandatario estadounidense presiona para que el Congreso apruebe la reforma migratoria, pero sin anunciar una iniciativa nueva o fecha concreta para impulsar un cambio en el estancado proyecto.
El presidente de Estados
Unidos, Barack Obama, presionó el jueves para que el Congreso apruebe la
reforma migratoria, pero sin anunciar una iniciativa nueva o fecha concreta
para impulsar un cambio en un proyecto estancado desde hace años, escudado, una
vez más, en la falta de apoyo republicano.
“Estoy listo para avanzar
(...), pero sin el apoyo bipartidista no podemos resolver este problema. La
reforma no puede pasar sin los votos republicanos, esa es la realidad política
y matemática”, dijo Obama en su primer gran discurso centrado en la
inmigración.
“El sistema migratorio está
roto y todo el mundo lo sabe”, aseguró en su alocución de media hora en la
American University de Washington.
“Lamentablemente, la reforma
ha sido mantenida como rehén de poses políticas, disputas por intereses
especiales y de la convicción dominante en Washington de que afrontar una
cuestión tan espinosa y emocional es una mala política”, criticó el mandatario.
Según denunció, muchos de
los senadores que antes apoyaban una reforma migratoria ahora se retiran
acosados por presiones partidistas y la política en un año de elecciones, en
referencia a los comicios de medio término de noviembre en los que se renovará
toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado estadounidense.
Advertencia
En este sentido, advirtió
que, de estancarse una reforma a escala nacional, más estados decidirán aprobar
leyes propias tan controvertidas como la de Arizona, legislación que llamó
“mala idea”.
Obama alertó, asimismo, que
estas leyes estatales tienen el “potencial de violar los derechos de ciudadanos
estadounidenses y residentes legales”, porque estos podrían ser detenidos o
interrogados simplemente por su aspecto o por cómo hablan.
Además, aseguró, en caso de
que más estados decidan seguir este camino, EE.UU. afrontará la posibilidad de
que se apliquen reglas diversas para la inmigración en diferentes partes del
país, algo que calificó como un “parche” de reglas migratorias locales cuando
lo que se necesita es “un estándar nacional claro”.
Sin embargo, tampoco reveló
qué será de la controvertida ley de Arizona que, según la Casa Blanca es
“analizada” por el Departamento de Justicia para ver si será apelada en los
tribunales, posibilidad que se había dado por hecho pero luego desmentida.