Claves Del Día
Fecha de publicación: 2018-06-25
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El gran reto de Centroamérica es la educación de calidad

La educación superior es clave para incentivar el crecimiento y reducir la pobreza y la desigualdad, sostiene el Banco Mundial (BM) en el informe “La Educación Superior en América Latina y el Caribe”, publicado en 2017.

Por eyn.net

De acuerdo al reporte, la tasa bruta de matrícula en educación superior de la región creció del 17% en 1991 al 21% en el 2000 y hasta el 40% en el 2010.

Ciro Avitabile, Economista Senior de Educación del Banco Mundial para América Latina y co-autor del informe, abundó sobre los resultados de la investigación.
En cuanto al reto de mejorar la calidad, sostuvo, cada sistema de educación superior de la región enfrenta realidades diferentes que requieren soluciones adaptadas a cada caso. El estudio expone principios que pueden servir para guiar el diseño de políticas efectivas, por ejemplo, la importancia de que el sistema de educación genere incentivos para las instituciones y los estudiantes, dijo.

En cuanto a financiamiento para los estudiantes, el estudio subraya que la gratuidad, cuando no está sujeta a requisitos de ingreso, preparación académica y desempeño, puede contribuir a aumentar la deserción y el tiempo hasta la graduación.
Una posible alternativa serían los préstamos con pago contingente al ingreso, que pueden tener un mayor impacto sobre el acceso en comparación con los préstamos tradicionales. El financiamiento para las instituciones, debería basarse en resultados y el valor agregado.
Latinoamérica, en promedio, ha experimentado un gran aumento en cuanto a cobertura de educación en la primera década del siglo XXI, si bien los avances fueron muy diferentes entre países, expuso el experto. “En Centroamérica, Costa Rica destacó en términos de aumento de la tasa bruta de matrícula. En El Salvador y Honduras esos aumentos fueron más pequeños y en Guatemala casi no se registraron cambios. Por su parte, en Panamá hubo una reducción de la tasa bruta de matrícula”, precisó.
“En temas de equidad, la región vio, en promedio, un aumento del porcentaje de estudiantes de educación secundaria que pertenecen al 50% más pobre de la población. Esto es particularmente importante si tenemos en cuenta que los países de Centroamérica, con la excepción de Panamá, siguen siendo de los más desiguales de América Latina”, agregó.
En términos de calidad, el informe constata que hay muchas diferencias entre los países en cuanto a la probabilidad de que los alumnos se gradúen de educación superior. En Centroamérica las tasas de graduación difieren bastante entre los distintos países, siendo Nicaragua el país que tiene las tasas más elevadas y Honduras el que tiene las más bajas.

Las universidades pueden jugar un papel importante intentando tener una mejor conexión con el mercado laboral, así como revisando el contenido, la duración y la relevancia de los programas dijo Avitabile. “Un rol fundamental lo tiene el regulador, que puede establecer reglas claras para cerrar, abrir y evaluar instituciones. Las evaluaciones de resultados y de valor agregado pueden contribuir a una mejora significativa de la calidad”, finalizó.

CALIDAD: LA FACTURA PENDIENTE

El Banco Mundial encontró que las universidades públicas tienden a expandir los programas existentes, en tanto que las privadas crean programas nuevos. La mayoría de los nuevos programas e IES fueron creados por universidades privadas. Pero a la hora de evaluar la calidad, los resultados son decepcionantes. Apenas la mitad de los estudiantes que se inscriben en universidades logran graduarse entre los 25 y 29 años, ya sea porque continuaron
estudiando o abandonaron sus estudios debido a la falta de preparación académica con la que ingresaron o la falta de medios económicos.

En países con datos disponibles el tiempo que transcurre hasta la graduación es 36% más largo de lo estipulado. La investigación encontró que contra lo que ocurre en países desarrollados, en América Latina y el Caribe (ALC) se gasta un porcentaje mayor del presupuesto educativo en profesores y salarios de personal en lugar de instalaciones, materiales y equipamiento.

El gasto por estudiante es más bajo en términos absolutos que en el mundo desarrollado, pero en relación al PIB, el gasto es similar, lo que muestra el esfuerzo realizado por la región. El BM reconoce esfuerzos, como la implementación de mecanismos de garantía de la calidad y el establecimiento de agencias de acreditación en algunos países que han impuesto requisitos de insumos mínimos a los profesores, los programas de estudios y las infraestructuras.
En ALC se gradúa un porcentaje menor de científicos y mayor de maestros respecto a Estados Unidos y Reino Unido. De hecho, la mayoría de los nuevos programas en la región se han abierto en carreras tradicionales como Administración de Empresas, Derecho y Ciencias Sociales. “El déficit de científicos e ingenieros en América Latina podría estar vinculado con el nivel de innovación de la región, bajo en comparación al mundo desarrollado”, concluye el BM.

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