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Fecha de publicación: 2018-05-17
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Nicaragua: Inicia el diálogo con reproches y ambiente crispado

El presidente Daniel Ortega inició su discurso desconectado de la actual crisis, evocando la guerra que dejó 50.000 muertos contra la dictadura de la familia de los Somoza (1934-1979) y sus siete años en la prisión, pero fue interrumpido varias veces con gritos de 'cese la represión y 'asesino'.

Por estrategiaynegocios.net

El esperado diálogo nacional comenzó el miércoles con un presidente Daniel Ortega duramente cuestionado y quien no logró calmar los ánimos tras casi un mes de protestas contra su gobierno, y duramente reprimidas, en choques contra antimotines y grupos afines al oficialismo que dejan al menos 58 muertos.

La Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), que preside el cardenal Leopoldo Brenes, es mediadora en las pláticas, en las que los sectores estudiantiles, empresarios y grupos de la sociedad civil que se oponen al gobierno buscan una democratización e incluso la renuncia de Ortega y su esposa Rosario Murillo, quien funge como vicepresidenta.

Las conversaciones se realizaron en el seminario de Nuestra Señora de Fátima, en el suroeste de Managua, donde se desplegó un amplio operativo de seguridad, incluso aérea, para la protección de Ortega y su comitiva, mientras manifestantes se mantenían en puntos de la ciudad a la espera de los resultados del primer encuentro.

Ortega y su esposa y vicepresidente llegaron al lugar de la reunión a bordo de un jeep Mercedes Benz blindado con las ventanas cerradas y una caravana de vehículos de la policía, lo que no impidió que pobladores le gritaran "¡Asesinos!".

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Exigencias

Ortega inició su discurso desconectado de la actual crisis, evocando la guerra que dejó 50.000 muertos contra la dictadura de la familia de los Somoza (1934-1979) y sus siete años en la prisión.

Pero fue interrumpido varias veces con gritos de "cese la represión" y "asesino", por parte de representantes estudiantiles en las conversaciones.

"Venimos a exigirle ahora mismo que ordene el cese inmediato de los ataques. Usted es el jefe de los paramilitares, de sus tropas y turbas adeptas al gobierno", increpó a Ortega el dirigente de la coalición universitaria, Lester Alemán.

El obispo de Estelí, Abelardo Mata, agregó que "esta no es una petición. Es una exigencia que pide la Conferencia Episcopal: que se retire la policía a sus cuarteles, y que dejemos actuar a la CIDH", exhortó el prelado en alusión a la esperada misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Mata señaló que si el gobierno quiere desmontar las protestas, "no es con bala de goma ni de plomo (...) escuche al pueblo (...) ha comenzado una revolución no armada; aquí no esta ejército contra ejército, es una población que esta desarmada".

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Misión de DDHH llegará esta semana

La misión de la CIDH, integrada por 11 miembros llegará el jueves a Managua y permanecerá en el país del 17 al 23, confirmó en la noche el canciller Denis Moncada.

Ante las recriminaciones, Ortega se vio obligado a detener su discurso en las pláticas para afirmar que "no debe seguir corriendo la sangre de hermanos en Nicaragua" y que "la policía tiene órdenes de no disparar" a los manifestantes.

Alegó que "la justicia no es solo para uno; no es que solo de un lado vamos a ver los muertos. Los muertos están de todos lados" y la policía ha sido agredida por los manifestantes.

El gobierno está interesado en hacer justicia por los muertos en el marco de las protestas y "por eso hemos invitado" a la CIDH, dijo Ortega.

El mandatario se preguntó si la policía "debe tolerar" actos vandálicos, encerrarse en los cuarteles y dejar que se aplique el caos para que el país "se llene de venganza, de odio".

Los que protestan "no son angelitos", aseveró, y agregó que quienes no participan en las protestas reclaman que se les deje "trabajar y movilizarse en paz, que no destruyan sus negocios y que no maten a los nicaragüenses".

Ortega denunció que de la sede de la Universidad Politécnica (Upoli), donde están atrincherados estudiantes desde el 19 de abril, "salen bandas paramilitares, de ahí salen armas. Vayan a la Upoli, ahí van a encontrar un arsenal de armas, de fusiles, bombas y de ahí salen a asaltar".

Decepción

Estudiantes de la Upoli, que siguen atrincherados en la universidad, rechazaron las acusaciones del presidente y anunciaron que no van a desistir de sus demandas.

"Le pedimos a la población que no nos abandone", dijo una estudiante con el rostro cubierto con una playera.

"Íbamos a negociar, (pero) ahora exigimos que se vaya Daniel Ortega y su familia, no los queremos en este país", agregó la joven.

Cientos de estudiantes y pobladores marcharon desde la Universidad Centroamericana (UCA) hacia el seminario de Nuestra Señora de Fátima para apoyar a sus representantes en la mesa de diálogo, pero fueron impedidos por la policía de llegar hasta el lugar.

En tanto, continuaban los bloqueos de rutas, principalmente en el centro y norte del país.

"Se esperaba una respuesta del presidente (Ortega) y lo que vimos fue negativa", manifestó el presidente de la Unión de Agricultores de Nicaragua (UPANIC), Michael Healy.

Por su lado, el dirigente del gremio empresario José Aguerri urgió a pensar en el país: "no podemos dejar que el país se destruya, pongamos al país en primer lugar", afirmó.

Impresionante seguridad

Daniel Ortega y su comitiva llegaron a la inauguración del Diálogo Nacional con un impresionante aparato de seguridad que incluyó un aproximado de cuatro motorizados que guiaban la caravana presidencial, custodiado por al menos 21 patrullas incorporadas directamente en su equipo de seguridad. Al menos en cada patrulla, se transportaban cuatro escoltas, lo que suma 84 agentes de seguridad.

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Sin embargo, en la parte izquierda de recinto -un seminario católico-, estaban estacionadas seis patrullas y dos buses con antimotines, donde al menos se podían contar un centenar de agentes que eran parte de la custodia de Ortega.

Minutos antes que abandonara el seminario, dos helicópteros artillados del Ejército sobrevolaron el área por varios minutos.

Cada agente de seguridad que custodia a Daniel Ortega y Rosario Murillo, anda armado con un fusil de guerra soviético conocido como AK-47 y una pistola, además de chalecos antibalas.

Las medidas de seguridad para la protección de Daniel Ortega se aplicaron desde El Carmen (lugar de su residencia) hasta el Seminario Nacional de Fátima (a tres kilómetros de distancia). Al menos en cada cien metros estaban ubicados entre 8 y 10 policías a bordo de motos y patrullas.

Según Roberto Cajina, experto en temas de seguridad, la excesiva fuerza de seguridad de la que se hace acompañar Ortega, hace indiciar “que está paranoico” en declaraciones al periódico nicaragüense La Prensa.

Para Elvira Cuadra, experta en seguridad y defensa, si bien es cierto que era necesaria la seguridad por la presencia de personalidades en la instalación del diálogo, esta se aumentó por el temor que el mandatario tiene por la crisis de violencia que ha generado el Gobierno.

“Ese dispositivo yo lo veo como una muestra de temor y debilidad de Ortega porque ante la falta de legitimidad, de confianza, entonces la única fuerza que tiene, precisamente, es la fuerza de la Policía, entonces tenía que dar una imagen de fuerza y por eso utilizó a la Policía”, sostiene Cuadra.

La experta aseguró que ninguna de las personas que participaron en el diálogo representaban un peligro para la vida del mandatario.

“A mí me parece que el dispositivo que estaba más desproporcionado era el dispositivo de Ortega, porque si bien es cierto que en el lugar había personas que desde el punto de vista de Ortega son sus adversarios, estas no representaban ningún peligro físico real”, dijo Cuadra.

Con informacion de AFP y La Prensa de Nicaragua

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