Claves Del Día
Fecha de publicación: 2017-10-11
Lo que fue (hace ya largo tiempo) un reclamo por equilibrio en las contribuciones económicas al Estado nacional, se dejó escalar a un nivel en el que ahora la racionalidad y los datos objetivos quedaron de lado. (Foto: AFP).
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Tres lecciones que deja la crisis de Cataluña a Centroamérica

El mundo entero está pendiente de España. La gestión y evolución de la crisis en Cataluña se terminará convirtiendo en el hecho socio-político más relevante y de mayor impacto del año. Sociedad, gobiernos y empresas centroamericanas tienen mucho por aprender de este acontecimiento.

Por: estrategiaynegocios.net

El movimiento independentista que se vive en Cataluña no solo se transformó en una potencial crisis para España y toda Europa, sino que resulta una tendencia emergente que está expresando procesos políticos, económicos y sociológicos muy profundos. Procesos que no sólo se pueden identificar en el Viejo Mundo sino también desde este lado del Atlántico, en una Latinoamérica que si bien no registra procesos secesionistas como tales, sí tiene democracias inmaduras con mucho que observar –y aprender– sobre lo que sucede en Cataluña, por estas horas. Desde nuestra perspectiva, resumimos en los siguientes tres puntos, las lecciones que Centroamérica podría leer con atención:

1.CONEXIONES NEURONALES DE LA ECONOMÍA

Para bien o para mal, según lo evalúe cada quien desde su perspectiva ideológica, la economía mundial se globalizó a tal punto que los estados nacionales se transformaron en células neuronales que existen por las conexiones que logran con sus pares, haciendo cada quien su trabajo. El tejido económico social al que dan existencia logra vida gracias a cada uno de ellos y, a la vez, cada uno de ellos tiene vida por su interconexión con el resto.

¿Se imaginan a una neurona buscar la independencia para existir por si misma fuera del tejido neuronal? Seguramente, un comportamiento así, el cuerpo lo interpretaría como una disfunción que pone en riesgo la salud y sustentabilidad de todo el organismo.

En la globalización –este tejido interconectado que sobrevive por mutua necesidad– las empresas son como las enzimas que actúan proactivamente generando la evolución del sistema, restableciendo los equilibrios y defendiendo al tejido de los ataques.

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Cataluña está mostrando sin disimulos la esencia de este funcionamiento. Las empresas que han anunciado que sacarán su sede social de allí (Caixabank, Sabadell, Gas Natural, Abertis, entre otras) representan ya 76.354 millones de euros del Ibex 35. Sus CEO y Consejos Directivos no esperaron señales contundentes desde Madrid para tomar decisiones. ¿Lo hicieron para allanarle el camino al presidente Rajoy? La historia lo irá contando, pero lo cierto es que el sector privado dejó en claro su posición ante lo que significa poner en riesgo los negocios de Cataluña y de toda España.

Los seis países de Centroamérica –con las enormes distancias históricas, políticas y económicas que existen– bien podrían reflejarse en las autonomías españolas, en tanto y en cuanto forman parte de un mercado común (el Mercado Común Centroamericano - MCCA).

Si bien no comparten moneda, parámetros fiscales y estándares democráticos, entre otros vínculos, sí comparten un destino económico común, hilvanado por las empresas (regionales y globales) a las que le interesa cada uno de los países del Istmo en la medida en que puedan operar en toda la región; y en la medida en la que la región se muestre estable para conectarse desde allí al Norte y Sur de América.

Viendo lo que está sucediendo con las empresas radicadas en Cataluña, ¿podría algún país centroamericano arrogarse la osadía de desvincularse de sus economías hermanas? Es más, ¿le cabe a los respectivos gobiernos, seguir dilatando los tiempos para avanzar en una integración mayor, sabiendo de los beneficios que esto podría significar?

2.JUNTOS PERO NO REVUELTOS, DE LA SOLIDARIDAD Y LA RESPONSABILIDAD

Una lección muy relevante que está dando el proceso español a todo el mundo es que la globalización demanda, cada vez más, hacer coincidir los valores de solidaridad y responsabilidad fiscal, para que las áreas económicas más pujantes puedan cumplir con el precepto de contribuir al desarrollo del conjunto, sin ver que sus esfuerzos se diluyen.

Según datos que aporta el gobierno catalán, Cataluña es la tercera comunidad que más ingresos aporta al conjunto mientras que es la décima en recursos recibidos, según la liquidación del sistema de financiación del 2015. Según la Conselleria de Economia, cada catalán aportó de media 2.602 euros al sistema de financiación a través de los impuestos y recibió 2.352 en forma de inversiones y gasto del Estado.

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Esta sensación de frustración por la diferencia entre lo aportado y lo recibido por el contribuyente catalán estuvo en las bases de un descontento que fue escalando con el tiempo.

Esta situación no es privativa de España. Lo vive Monterrey en México; Santa Cruz de la Sierra en Bolivia; Córdoba en Argentina o California en EE.UU. Y cado uno de estos estados subnacionales buscan defender el desarrollo que han logrado; además de la idiosincrasia y los valores que lo motiva.

De alguna forma, Panamá y Costa Rica podrían hoy sentirse inhibidos de participar de una integración mayor con sus pares centroamericanos por las brechas económicas estructurales que los distancian. Es legítimo. Y una vez más el “fenómeno Cataluña” le muestra al mundo que la solidaridad en el desarrollo debe ir acompañada de la responsabilidad de quienes son subsidiados para que así éstos puedan escalar, paulatinamente, en un crecimiento de círculo virtuoso.

Probablemente, Panamá y Costa Rica saben que tienen un destino económico común con Centroamérica, pero no están decididos a perder sus logros por “culpa” de Centroamérica.

3.OPORTUNISMOS, NUEVOS NACIONALISMOS E IMPERICIA AGIGANTAN LOS CONFLICTOS

La tercera gran lección que está ofreciendo España tiene que ver con el timing de los gobiernos y las instituciones para gestionar conflictos.

Lo que fue (hace ya largo tiempo) un reclamo por equilibrio en las contribuciones económicas al Estado nacional, se dejó escalar a un nivel en el que ahora la racionalidad y los datos objetivos quedaron de lado. Los independentistas de Cataluña argumentan hoy que se quieren separar por cuestiones de “identidad”, un sustrato argumentativo riesgoso donde pueden abrevar los oportunismos nacionalistas.

Posiblemente, la falta de empatía de sucesivos gobiernos españoles para dar cauce a las demandas de una de sus comunidades fue sembrando el camino del encono que hoy tiene parte de la sociedad catalana. Producto de esa impericia, hoy esa sociedad está quebrada y enfrentada.

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A su vez, el oportunismo del presidente Carles Puigdemont Casamajó (posiblemente superado a esta altura por los sentimientos y emociones potenciadas en los ciudadanos independentistas a los que enroló detrás de un proyecto incierto), declaró una “híbrida independencia” que propone “diálogo” pero que fue hecha fuera del Estado de Derecho. En esos términos, ¿cuál es la base para establecer una hoja de ruta común?

Desde la izquierda latinoamericana se tiende a ver con beneplácito los movimientos independentistas, para luego traducirlos –forzadamente– a realidades locales. Sin embargo, detrás de ello está la intención de manipulación de las demandas postergadas y de los sentimientos heridos de comunidades no escuchadas por la institucionalidad o excluidas por las democracias más vulnerables de América Latina.

La trampa de los nacionalismos que se arriesgan a actuar fuera del Estado de Derecho; la impericia de gobiernos burócratas que no saben (no quieren o no pueden) leer con anticipación la evolución de las demandas de sus ciudadanos y la corrupción e ineficiencia siempre presentes en las estructuras de poder que impiden (entre otras cosas) la convivencia de valores como los de solidaridad y responsabilidad fiscal son lecciones que está dando Cataluña a todo el mundo. Y no porque solo allí se vean sino porque hoy España las está sintetizando y exponiendo al mundo.

Centroamérica transita ya por situaciones de polarización radical de sus sociedades en más de uno de sus países; de corrupción pública estructural que impide el desarrollo armónico de cada país y de la región en su conjunto; y de gobiernos dados a levantar banderas populistas-demagógicas que tienen sus miradas más atentas a conservar el poder que a las necesidades de la población… entonces, es hora probablemente de mirar con atención a España. Hay lecciones que si se dejan escapar, se terminan pagando muy caro.

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