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Fecha de publicación: 2017-09-13

Costa Rica apuesta por el cambio en su sistema penitenciario

Este país centroamericano está abordando su problema penitenciario con una mirada distinta, mediante la construcción de nuevos espacios penitenciarios y un nuevo modelo de atención a privados de libertad.

Por Beatriz Abizanda, especialista en modernización del Estado del BID

Los sistemas penitenciarios de América Latina y el Caribe están atravesando una crisis humanitaria. Tienen problemas de hacinamiento, de falta de programas educativos y de apoyo psicosocial, de escaso acceso a servicios de salud o a oportunidades laborales dignas. Además, el encarcelamiento genera un costo económico de un 0,39% del PIB anual de la región según un reciente estudio del Banco, e incalculables costos sociales y humanitarios.

Desafortunadamente, es mucho menos habitual leer sobre las iniciativas de reforma para mejorar la situación penitenciaria, como la que ha emprendido Costa Rica. Este país centroamericano está abordando su problema penitenciario con una mirada distinta, mediante la construcción de nuevos espacios penitenciarios y un nuevo modelo de atención a privados de libertad.

El Banco está acompañando a Costa Rica en su apuesta por la aplicación de este modelo innovador, como parte de una estrategia integral de seguridad ciudadana que busca prevenir el crimen y la violencia. El modelo combina la educación, la formación profesional y acciones psicosociales, para la reinserción de 1.600 privados de libertad en sus últimos seis meses de condena, con tres nuevas Unidades de Atención Integral. Estas instalaciones reflejan los principios de las infraestructuras penitenciarias modernas. Cumplen con la normativa de derechos humanos en infraestructura penal, teniendo a la vez altos estándares y un moderno equipamiento de seguridad.

Sus residentes son seleccionados por el Ministerio de Justicia y Paz de Costa Rica y deben adherirse a un contrato conductual que asegure su compromiso con los principios del modelo: voluntad de cambio, responsabilización de los hechos delictivos, obligatoriedad de estudio y formación técnica.

Estas nuevas unidades no son sólo más espacios penitenciarios. Sobre todo, son espacios innovadores y rehabilitadores. Reflejan las lecciones aprendidas por países como el Reino Unido, que ha emprendido un ambicioso programa de infraestructuras penitenciarias para sustituir recintos penitenciarios victorianos aun en uso. Estudios al respecto corroboran que la efectividad de los programas de atención está relacionada con las características físicas de los espacios en que se imparten.

¿Cuáles son estos principios de diseño penitenciario que los expertos sugieren para favorecer una transición a una vida libre de crimen, que Costa Rica ha aplicado?

1. Los espacios penitenciarios deben ser seguros, tanto para el personal penitenciario como para los privados de libertad. Un ambiente inseguro, donde privados de libertad o funcionarios se sientan amenazados o intimidados es incompatible con el respeto y la confianza que se necesitan para iniciar y sostener los procesos de desistencia del delito, que deben emprender los sentenciados y que los funcionarios incentivan y apoyan. Un ambiente seguro no significa obligatoriamente un ambiente restrictivo en exceso para el nivel de riesgo.

Los avances tecnológicos (como la videovigilancia) permiten balancear la seguridad con libertad de movimiento dentro del recinto y el contacto lo más directo posible entre funcionarios e internos.

2. Las instalaciones deben tener espacios adecuados para la programación penitenciaria (educación, formación profesional, trabajo, apoyo psicosocial). Estos deben permitir la plena ocupación del tiempo de las personas privadas de libertad, los aprendizajes técnicos para favorecer su productividad post-egreso, y ofrecer oportunidades de superación personal.

3. Los espacios penitenciarios deben estar humanizados, es decir, deben minimizar las diferencias que puedan existir entre el entorno penitenciario y la vida al exterior. Esto se puede lograr teniendo en cuenta las consideraciones de seguridad, de tal manera que el castigo se limite a la privación de libertad.

Existe evidencia que sugiere que los entornos que reflejan este “principio de normalidad” están relacionados con menor frecuencia de episodios violentos en los recintos penitenciarios. En la práctica, el principio se traduce en la presencia de áreas de uso conjunto que fomenten relaciones de convivencia respetuosa. Ejemplos de esto incluyen un comedor central, biblioteca, zonas para el estudio y el deporte, áreas verdes, que los mismos privados de libertad pueden mantener y embellecer, aplicando aprendizajes de cuido y respeto a los bienes comunes. La humanización también debe alcanzar las instalaciones de los trabajadores penitenciarios, con áreas de descanso y recreación para reponerse del alto estrés que supone el trabajo en el medio penitenciario.

Este video resume los principios, programas e instalaciones de las Unidades de Atencion Integral de Costa Rica. Más allá de las edificaciones, este proyecto representa un nuevo paradigma penitenciario en la región; uno en el que los centros penitenciarios pueden y deben ser seguros, humanos y enfocados en la preparación de la persona para la libertad. Este paradigma ya ha despertado el interés de funcionarios y expertos de dentro y fuera de la región, y refleja esta nueva mirada que sin duda requieren los sistemas penitenciarios de América Latina y el Caribe.

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