Claves Del Día
Fecha de publicación: 2017-03-22

La burbuja de las 'startups' tecnológicas empieza a deshincharse

Muchas ‘startups’ empiezan a quedarse sin dinero y los inversores se han vuelto más reacios a prestarlo. La burbuja se está desinflando y presenta similitudes con la gran crisis de las empresas puntocom.

Por: The Guardian

Si hubieras buscado un piso en el área de la Bahía de San Francisco hace un año y medio, las inmobiliarias te habrían recomendado ir a las visitas con tu talonario de cheques y estar preparado para darles allí mismo el mes de depósito y el primer mes de alquiler; entre US$8.000 y US$10.000 en el caso de un apartamento de dos habitaciones.

“No había negociación posible porque detrás tenías 10 personas esperando para podérselo quedar”, indica Ray Stern, director general de Bay Rentals.

Los alquileres todavía son caros, pero el mercado parece que se ha estabilizado tras muchos años de subidas constantes. Y no son lo único que ha dejado de subir: la burbuja tecnológica de Silicon Valley ha perdido fuerza. Los fondos de capital riesgo invierten menos, las valoraciones de las startups han caído y la contratación ha disminuido.

“Hemos empezado a recibir muchos currículums de ingenieros de software que trabajan en empresas con un modelo de negocio que no funciona, ya no consiguen financiación y están cerrando o están recortando plantilla”, indica Mark Dinan, un reclutador del sector del software del área de la Bahía de San Francisco que sabe qué compañías están contratando y qué compañías están despidiendo.

Estas startups se están quedando sin dinero porque los fondos de capital riesgo ahora son más exigentes a la hora de invertir. Hacen menos operaciones, pero de mayor envergadura.

“El número de inversiones [en el mercado privado] ha caído un 33%, pero el capital invertido se ha mantenido”, explica Tomas Tunguz, del fondo de capital riesgo Redpoint. Indica que el sector ya no obtiene “dinero fácil” de los fondos de inversión.

“Es algo que pasa desde hace dos años. No es fácil conseguir dinero y los fondos de capital riesgo exigen mejores condiciones”, añade Aswath Damodaran, un profesor de finanzas de la Escuela de Negocios Stern.

En parte, esto se debe a que menos compañías del sector salen a bolsa. El año pasado, fue el más lento para las OPIS (Oferta Pública Inicial) desde la recesión. Según Bloomberg News, las empresas tecnológicas consiguieron recaudar un 60% menos que en el 2015. “Hace años que Silicon Valley no consigue una salida a bolsa exitosa, como la de Snapchat. Y Snapchat está en Los Angeles”, indica Dinan.

Desde 2015, CB Insights ha hecho un seguimiento de más de 100 empresas en esta situación, entre ellas la compañía de software Zenefits, la aplicación Foursquare y el servicio de transmisión de música Rdio. “Antes, en el 90% de las rondas de inversión, la empresa veía cómo sus participaciones subían. Ahora, en el 20% de los casos, bajan”, indica Tunguz.

Los “decacornios” son otro factor a tener en cuenta; startups unicornio que están valoradas en decenas de miles de millones de dólares; como Airbnb, Uber y Palantir. Muchos creen que están sobrevaloradas, pero no se podrá saber a ciencia cierta hasta que salgan a bolsa y tengan que informar sobre su situación financiera.

La aplicación de Uber, que proporciona a sus usuarios una red de transporte privado, ha recaudado más de US$16.000 millones y está valorada en más de US$69.000 millones. Supera a grandes gigantes de la industria automovilística, como General Motors y Ford, a pesar de que la compañía perdió US$2.200 millones el año pasado.

“La gran incógnita es cuánto tiempo más puede pasar antes de que Uber tenga que salir a bolsa. Recaudan dinero como si cotizaran en bolsa pero no están obligados a rendir cuentas ni tienen las responsabilidades de una empresa que cotiza”, señala Damodaran, que cree que la valoración es exagerada y que el valor real de la compañía no supera los US$23.000 millones.

¿Cuáles son las semejanzas entre esta situación y la que llevó al estallido de la burbuja de Internet? “Llegué a San Francisco en 1997 y la ciudad era como ahora, llena de gente, con atascos y pisos a precios desorbitados”, afirma Dinan. “Ahora vemos empresas sobrevaloradas, cuyo valor parece estar basado en esperanzas y sueños y no en un buen modelo de negocio. Son compañías que al calcular su valor no tienen en cuenta sus beneficios, sino el número de usuarios. Esto tiene muchos elementos en común con la burbuja de internet”.

Otro elemento en común, según Dinan, son los “malos hábitos”, como las denuncias por acoso sexual en Uber o las trampas de Zenefits para que sus empleados pudieran esquivar los cursos de formación obligatorios. “A finales de los noventa vimos un comportamiento fuera de lugar en muchas empresas, también casos de acoso sexual. Es lo que pasa cuando no hay disciplina”, afirma Dinan.

Dinan reconoce que tal vez su percepción no es objetiva, ya que sufrió en carne propia la explosión de la burbuja “puntocom”. “Tal vez aún tengo alguna herida abierta. Como reclutador, vi como mis ingresos cayeron un 80%. Tal vez veo fantasmas”, cuenta.

Una diferencia clave es que ahora no hay una desaceleración de la mayor parte de las tecnológicas. Algunas de las principales compañías del sector que cotizan en bolsa, como Google, Oracle, Facebook, Apple y Salesforce, son una garantía de estabilidad.

“Solemos pensar que las tecnológicas y el crecimiento constante van de la mano”, indica Damodaran. “Sin embargo, están las empresas tecnológicas de siempre y las nuevas. Estas últimas están sobrevaloradas”.

Si se corrige su valor se pueden perder muchos puestos de trabajo y muchos millonarios pueden ver cómo sus cuentas tienen una cifra menos. Sin embargo, difícilmente se producirá un estallido como el de la burbuja de las puntocom.

“La burbuja estalló sin previo aviso y de repente”, subraya Damodaran. “Cuando esto sucedió todos se apresuraron a afirmar que lo vieron venir. ¿Si lo viste venir por qué no hiciste nada?”, añade.

“Si fuera posible prever colapsos, todos seríamos increíblemente ricos”.

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