El eslogan para presentar a Honduras es acertado: “Todo está aquí”. O allá. Es un país de agua, palmas y jaguares que esconde vida e historia en todos los rincones. Hay un paraíso de áreas protegidas donde nada se toca.
Cayos Cochinos es un archipiélago que está formado por 13 cayos de formación coralina, muy blancos, y dos de formación volcánica. Todos paradisíacos y a 25 kilómetros de Sambo Creek, una aldea garífuna de La Ceiba.
Honduras es un paraíso de mar, playas y una
vegetación exuberante. Fundaciones y personas particulares cuidan cada uno de
sus espacios para que la naturaleza sea la protagonista por excelencia.
Los parques nacionales de playa y montaña y
los maravillosos cayos de arenas blancas y perfectas son áreas protegidas.
Distintas fundaciones, pobladores, investigadores y visitantes son los responsables
de que la naturaleza se mantenga y se reproduzca.
Uno de los principales atractivos es el
Jardín Botánico y Centro de Investigación Lancetilla, ubicado a siete kilómetros
de Tela y que lleva ese nombre por una palma que tiene espinas como lanzas. Fue
creado por el horticultor Wilson Popenoe, quien llegó al país en 1925, época de
oro de la United Fruit
Company, para estudiar las enfermedades tropicales en su laboratorio. Una vez
que lo instaló, comenzó a llevar diferentes plantas que podían adaptarse al
clima y riqueza del suelo.
Una de ellas es la palmera de Sumatra, que
exhibe un rojo perfecto en parte de su tronco. Este jardín tiene 1.681 hectáreas y
está dividido en tres áreas: plantaciones experimentales, arboreto y reserva
biótica. En esta última no se puede tocar nada, mucho menos las plantas
venenosas. Por comer una de ellas, el ceso vegetal, murió Dorotea Popeonoe,
esposa de Wilson.
Este fruto tiene la particularidad de ser
altamente mortal antes de estar maduro y muy nutritivo una vez que está listo.
A partir de esa anécdota, se infiere que los paseos son guiados y es preferible
no comer ningún fruto. Otro de los atractivos imperdibles es el túnel natural
de bambú, formado por esta planta que puede llegar a medir hasta 50 metros y que nace en grupo
como si fueran ramilletes de flores para gigantes.
Pico
Bonito
Otro sitio increíble por su verde tupido y
sus atractivos es el Parque Nacional Pico Bonito, uno de los más imponentes de
Honduras, ubicado a 15 minutos de la localidad de La Ceiba. Allí pueden
realizarse travesías increíbles en rafting
en el río Cangrejal y caminatas por los senderos para conocer todo tipo de aves
y plantas.
Este espacio es increíble, húmedo, boscoso,
con enormes paredes de plantas, todo rodeado de verde… pero quizás es más
conocido popularmente por “The Lodge at Pico Bonito”, el eco lodge ubicado dentro del lugar y
equipado con 22 cabañas diseñadas para causar el menor impacto ambiental, de
las cuales hay una preferida para las lunas de miel y, según el guía Elmer
Escoto, es “un sueño”.
Allí conviven naturaleza y personas. El eco
lodge separa su basura en orgánica e
inorgánica para luego ser reciclada, y tiene en estudio la implementación de
paneles solares. Uno de sus gerentes, Enrique Graugnard, contó que allí se
practican actividades de ecoturismo “tomando en cuenta el ambiente natural y la
zona protegida del Parque Nacional Pico Bonito manteniendo su flora y su
fauna”. Ellos están ubicados en aproximadamente 300 acres del parque y
son los encargados de ese espacio. Para eso cuentan con un patrullaje las 24
horas del día y guías naturalistas expertos, encargados de mantener los
senderos reportando cualquier anomalía o maltrato.
Además, cooperan continuamente con la aldea
El Pino –cercana al parque– mediante actividades para “concienciar a la
juventud desde temprana edad para proteger el parque con sus recursos”. Para
atractivo de los visitantes y para conservación tienen un mariposario, un
serpentario y la casa de la iguana.
El más impresionante es el serpentario
donde, entre otras especies, se encuentra la serpiente barba amarilla, que
llega a medir hasta ocho pies y es la más venenosa de Latinoamérica. La última
vez que dio a luz, tuvo 39 crías que, claro está, fueron puestas en libertad.
En el mariposario hay 15 especies de mariposas que visitan hasta 200 flores por
día y tienen unos colores tan vistosos que cuando se posan en las plantas
cierran sus alas para no ser vistas. Nada vanidosas y muy precavidas.
Punta
Sal
Las playas de Honduras son el lugar que
toda persona quiere conocer. Allí, el sueño del mar transparente se hace
realidad. Uno de los sitios para visitar es Punta Sal, a 45 minutos en lancha
desde Tela.
Este sitio forma parte del Parque Nacional
Jeannette Kawas, que cuida la
Fundación para la Protección de Lancetilla, Punta Sal y Texiguat,Prolansate. De acuerdo con
Alberto Webster, el guía de Garífuna Tours, Prolansate surgió en 1990. En 1995,
luego de una manifestación contra los delitos ambientales que se cometían en la Bahía de Tela, su presidenta
Jeannette Kawas fue asesinada, por lo que el nombre hace honor a su trabajo.
Para llegar desde Tela a Punta Sal hay que
atravesar aguas clarísimas y prepararse para ver la flora y fauna que pueden
encontrarse allí. Entre ellas, jaguares, que solo salen de noche. En Punta Sal
hay tres senderos, y el nombre de uno de ellos, Puerto Escondido, se remonta a
la época de los piratas, porque era allí donde atracaban sus barcos.
En los senderos puede verse, entre una
extensa variedad de flora, el árbol conocido como la “gamba sangrienta”, que
desprende un líquido rojo cuando se corta. Como es un árbol hueco, con su
madera se hacen tambores y cayucos. En esa playa viven solo dos familias: una
garífuna y otra indígena. Ahí habitan desde hace 25 años, antes de que el sitio
fuera declarado Parque Nacional. Los garífunas son los encargados del almuerzo
de los turistas: frutas, róbalo empanizado, casamiento y plátano frito en
aceite de coco, todo sencillamente delicioso.
Para que el agua, la playa y la vegetación
de esta zona se conserven, Alberto, que cuida meticulosamente ese espacio,
insiste en que hay que empezar a educar en los colegios sobre el tema del medio
ambiente. Ya hay tours de estudiantes
que llegan y recogen basura, y todo se va para Tela, de la mano del personal de
Prolansate.
Cayos
Cochinos
Las razones del nombre de Cayos Cochinos
son tres. Una: desde el aire, el Cayo Mayor y el Cayo Menor parecen dos cerdos,
y los 13 cayos restantes, los cerditos. Dos: en 1930 habitaba la zona un inglés
con una gran cría de cerdos. Tres: las corrientes arrastran suciedad desde
Norteamérica y Sudamérica, llevando la basura hacia esas playas.
En la práctica, para la foto, de cochinas
no tienen nada. Este archipiélago está formado por 13 cayos de formación
coralina, muy blancos, y dos de formación volcánica. Todos paradisíacos y a 25 kilómetros de
Sambo Creek, una aldea garífuna de La
Ceiba.
La Fundación Hondureña
para la Protección
y Conservación de Cayos Cochinos es una organización no gubernamental,
responsable del mantenimiento y cuidado de esta área. Antes de tocar tierra en
cualquiera de ellos, es necesario llegar al cayo donde se encuentran las
oficinas y el Centro de Investigación para reportarse.
Una vez hecho esto, el mar es de uno,
siempre y cuando las personas cumplan los requisitos. “Se pueden llevar todo lo
que quieran en foto y en la memoria”, dijo Óscar Escobar, de Tourist Options. Y
el equipo es muy estricto en ese sentido. Si alguien se lleva algo de los cayos
y un guía los sorprende, no se sube a la lancha de regreso.
La explicación más básica es que los
caracoles, al desintegrarse, forman la arena blanca. Pueden encontrarse cientos
de ellos, algunos enormes. Cayos Cochinos es un paraje soñado, de una
tranquilidad absoluta y de un contacto con el medio ambiente que es un
privilegio.
Todo se cuida y cada una de las personas
que hacen parte de este archipiélago respeta la vida. Allí funciona un
laboratorio que, según su administrador de Recursos Naturales, Elías Aguilar,
tiene como objetivo la investigación constante, dado que esa información es
vital para ver cómo está el arrecife y actuar en consecuencia.
No lo hacen solos, sino que reciben
estudiantes e investigadores de otras partes del mundo. Una de las especies que
se estudia está en tierra y es la boa rosada, endémica de la zona. Ya hay 1.000
de ellas con su respectivo chip para
ser analizadas. Así, cuidado como está, protegido, Cayos Cochinos es el lugar
ideal para hacer buceo, snorkel y
caminatas. Bajo el agua, el mundo de Cayos Cochinos es otro.
Si se enamora del lugar, que es lo más
probable, puede pasar la noche ahí, en el cayo Chachahuate, donde habitan 50
familias garífunas extremadamente amables, que van a hacer de su estadía un
momento inolvidable.
Roatán
Si “Todo está aquí” en Honduras, es imposible
visitar este país sin llegar a Roatán. Esta isla es el lugar predilecto para
bucear, caminar, bañarse en aguas cálidas hasta que lo sorprenda el atardecer,
y disfrutar de tragos y exquisita comida en muelles con vista a un mar
perfecto.
Pero también tiene secretos que vale la
pena conocer. Si quiere volver a ser niño, Bailey’s Key es el lugar. Allí hay
24 delfines dispuestos a dejarse acariciar y dar un beso a cada uno de los
visitantes, con una paciencia de madre. Viven en una piscina natural y aunque los
suelten para que naden libres en el mar, siempre vuelven a su público y a sus
piruetas. Conocerlos es una experiencia inolvidable.
Otro sitio inolvidable se encuentra a
escasos minutos de Roatán. En Maya Key funciona un Centro de Rescate de
Animales Silvestres que trabaja con animales que han sido decomisados. En
Honduras, el precio clandestino de un mono araña puede ser de US$60. Por eso,
en dicha entidad, el cuidado de los animales es primordial. Y cada uno de ellos
tiene una historia de vida.
El más mimado y respetado es el jaguar
Chaca, una hembra que estuvo diez años enjaulada y mal alimentada hasta que se
escapó y recayó en el Cayo, donde es atendida como una princesa. En el
zoológico hay felinos, guaras de colores increíbles, loras, tucanes, monos y
hasta un oso hormiguero.
Además de conocer el zoológico, los
visitantes pueden hacer snorkel,
disfrutar de la playa en arenas blanquísimas y comer en el restaurante donde no
se sirven papas fritas para que se puedan degustar los plátanos fritos. Otro
atractivo turístico es Gumbalimba Park, un parque privado con jardín botánico.
Gumbalimba es el nombre de un árbol al que
también se le conoce como “indio desnudo”, ya que cuando se pela no se quema. En
este parque, una de las principales atracciones son los monos cara blanca que
interactúan con los turistas, a quienes se les recomienda guardar todas sus
pertenencias, en especial los lentes de sol.
Pero si de animales raros se trata, la
granja de iguanas es lo más parecido a Jurassic Park en diminuto. Allí Petrona
Meléndez Harch y su familia cuidan y alimentan a 4.700 iguanas que se pasean
por la calle como si nada. Los propios visitantes pueden alimentarlas mientras
caminan con cuidado para no patear sus colas.
Cualquiera de los destinos en Honduras son
vacaciones aseguradas. Así se trate de un resort
o de convivir con una familia garífuna, la estadía va a ser inolvidable. Conózcala
y déjese llevar por una naturaleza envidiable.