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Fecha de publicación: 2017-02-07
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El rol del Estado es clave para la innovación

Hay que dejar de lado la idea de un ‘Estado aburrido’ que sólo participa de la innovación para regular. Debe buscar aliarse con el sector privado.

Por Gabriela Origlia, eyn.net

Desde la perspectiva capitalista, siempre se ha considerado que el sector privado es innovador, dinámico y competitivo, mientras que el Estado desempeña un rol más estático, interviniendo en el mercado tan solo para subsanar posibles fallos en el desarrollo de sus actividades.

La economista Mariana Mazzucato plantea que es un “falso mito” y que el Estado es la organización más emprendedora del mercado, la que asume inversiones de mayor riesgo.

En diálogo con Estrategia & Negocios, la profesora en Economía de la Innovación en la universidad de Sussex (Gran Bretaña), autora de El Estado emprendedor y coeditora de Repensando el capitalismo, plantea que la innovación es un proceso colectivo, enormemente incierto y acumulativo. Por esas características no tiene atractivo económico para “los privados con visión cortoplacista”.

En ese marco, plantea la necesidad de “repensar el proceso de creación de riqueza” bajo el concepto de que “todos los actores son responsables de crear valor”. Insiste en que hay que dejar de lado la idea de un Estado “aburrido” que solo genera marcos regulatorios para la acción de los privados. Es necesario dar paso a “asociaciones dinámicas” entre los sectores público y privado con foco en la innovación.

“La teoría de las fallas de mercado es útil, no deberíamos desecharla, pero no es suficiente para enfrentar los enormes desafíos actuales”, describió. El siguiente es el diálogo que E&N mantuvo en exclusiva con la profesora Mazzucato.

¿Cuál es el rol del Estado en la economía y la innovación? En Latinoamérica hay un debate, desde hace años, acerca de si: ¿es mejor un Estado fuerte e interventor o uno pequeño, con escasa participación ?

Muchos gobiernos alrededor del mundo están apuntando al mismo objetivo: cómo lograr una innovación inteligente con desarrollo económico inclusivo. La visión tradicional de la economía dominante ha sido que para lograr esa meta, el Estado debe jugar un papel tan limitado en la economía como sea posible, pero -como demuestro en mi libro El
Estado emprendendor- hay que desmitificar al sector público frente al privado. Los lugares que alcanzaron el crecimiento liderado por la innovación hicieron el camino contrario; el Estado asumió el liderazgo en la realización de inversiones orientadas a la misión a lo largo de toda la cadena, incluido el financiamiento para las empresas en etapas tempranas. No me refiero a que lo haga, necesariamente, el Estado central sino una red descentralizada de organismos públicos. Por ejemplo, Silicon Valley es el caso; el Estado vislumbró y financió la creación de nuevos campos enteros, desde la tecnología de la información hasta la biotecnología, la nanotecnología y la tecnología verde. Si el Estado asume este papel, no sólo debemos socializar los riesgos sino también las recompensas.

¿La división entre estado y mercado es falsa?

Los mercados capitalistas no surgieron espontáneamente. Son el resultado de las interacciones entre diferentes agentes de la economía, públicos y privados. Como dice el filósofo Karl Polanyi, “el camino a los libres mercados se abrió y se mantiene abierto por un creciente, organizado y centralizado intervencionismo”. Las políticas tradicionales permiten solo un rol limitado del Estado en fijar los fracasos del mercado, como la provisión de bienes públicos como la investigación básica. Pero ese esquema es inadecuado para describir lo que se necesita ahora para enfrentar los desafíos y tampoco sirve para explicar lo que pasó antes. En mi nuevo libro co editado, Repensando el capitalismo, economías
y políticas para un crecimiento sustentable el inclusivo, confrontamos esos fracasos de la ortodoxia económica con los trabajos modernos que se ejecutan de manera de proveer una guía coherente hacia el futuro. Necesitamos un nuevo marco para comprender el rol del Estado en crear y compartir nuevos mercados.

Precisamente, ¿cómo ayuda el estado a crear nuevos mercados?

A lo largo de la historia del moderno capitalismo, el Estado lo hizo y continúa haciendo lo que los mercados no hacen. No se trata sólo de actuar donde hay fallas del mercado, sino que crea y forma nuevos. El desarrollo de capital en la economía requiere “compromiso a largo plazo y paciencia”. De hecho, la revolución tecnológica en Estados Unidos fue financiada inicialmente por el sector público que proveyó un marco estratégico de orientación y misión a las agencias como Darpa en el ministerio de Defensa; la NIH en Salud; la Nasa y el programa de Innovación e Investigación
en pequeños negocios. Hoy, la revolución verde –que muchos entienden como la próxima grande después de internet– está siendo fundada en entidades similares como es Arpa-E en Energía o garantizando créditos como los otorgados a Tesla por casi US$500 millones. En algunos países como Alemania y China, ese financiamiento “paciente” llega desde bancos públicos que impulsan y sostienen la transformación de la economía. Bill Gates pidió, hace poco, a los gobiernos que lideren la innovación ecológica como lo hicieron con la tecnológica.

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Para lograr esos objetivos, ¿deben los estados aumentar su inversión en educación? Respecto a sus impuestos, ¿se inclina por una política en particular?
Sí, claramente, los estados necesitan invertir en educación. Se ha hablado mucho del problema del estancamiento económico en países occidentales, junto al inconveniente de la falta de habilidades que requiere el mundo laboral. Pero estos resultados no son inevitables; son emergentes de las elecciones. Las habilidades son el resultado de la inversión en
educación y otras formas de desarrollo del capital humano. Los sectores público y privado deben optar por hacer estas inversiones, por ocuparse de esos sectores.

En su opinión, ¿cuáles son las reglas que debe regir la relación entre estado y sector privado?

Las reglas deben cambiar. Necesitamos nuevos tipos de contratos o acuerdos, una nueva dinámica entre los actores públicos y privados que tomen en cuenta el rol que juega el estado en el financiamiento de la innovación. Invitada por la Cepal a comienzos de año, hablé sobre las estrategias para el 2030; la institución tiene en claro el desafío de un modelo más inclusivo. Lograrlo requerirá que los responsables de las políticas piensen más allá de los instrumentos estándares centrados en la redistribución a través del sistema tributario y desafíen realmente el mito popular del negocio como el único motor de la creación de riqueza.

¿Entonces?

La realidad es que la creación de riqueza es un proceso colectivo, el resultado de las interacciones dinámicas entre muchos actores diferentes. Esta visión es clave para liberar a los responsables políticos de la idea de que deben ser “facilitadores de negocios” y permitirles pensar en el tipo de relaciones mutuas dinámicas entre los sectores público y privado que pueden generar un crecimiento productivo a largo plazo.

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¿Cuál es la misión del estado al abordar la innovación?

Un estado emprendedor debería enfocarse en cómo transformar los desafíos sociales –la inequidad, el cambio climático, el envejecimiento poblacional– en metas concretas que la innovación pueda resolver.
Este esquema requiere que el estado tenga visión y voluntad de soñar. También involucra un rol de liderazgo en la inversión en áreas que son muy riesgosas para los privados. Significa tener presencia no sólo en la ciencia básica y en la investigación, sino a lo largo de toda la cadena de innovación entregando recursos a las pocas empresas interesadas en comprometerse con objetivos innovadores. Esto significa elecciones difíciles, pero son recompensadas. Significa inclinar el
campo de juego en dirección a áreas particulares como biotecnología, nanotecnología, ecología, pero sobre todo permitir a diferentes actores (público, privado y tercer sector) trabajar juntos en las nuevas formas de resolver problemas. No se trata de una estrategia sectorial, de elegir “sectores principales”, sino de contar con muchos sectores para trabajar juntos en formas innovadoras.

¿Cómo definir esos sectores?

Es importante darse cuenta de que lo que impulsa la inversión empresarial son las expectativas sobre dónde se encuentran las futuras oportunidades tecnológicas y de mercado. Esas inversiones fueron históricamente cruciales para aumentar los “espíritus animales” del negocio: el deseo de invertir. Esto es lo que lleva a realizar inversiones genuinamente adicionales que de otro modo no se habrían pensado. Los incentivos fiscales por sí solos (como los créditos fiscales de I + D), no lo hacen; aumentan los beneficios, pero a menudo no la inversión, que debe ser el objetivo de la política. Es el incremento de las inversiones lo que impacta en la capacidad productiva y en la generación de los buenos empleos.

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