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Autopistas verdes: nuevas estrategias para gestionar carreteras como hábitats

Desde el norte de Europa hasta Florida, los proyectistas de autopistas están reconsiderando los acotamientos de las carreteras como hábitats potenciales para plantas y animales autóctonos. Los científicos señalan que este nuevo enfoque podría ser una útil herramienta en favor de la biodiversidad.

  • 2013-09-06 |
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norma.lezcano

Desde el norte de Europa hasta Florida, los proyectistas de autopistas están reconsiderando los acotamientos de las carreteras como hábitats potenciales para plantas y animales autóctonos. Los científicos señalan que este nuevo enfoque podría ser una útil herramienta en favor de la biodiversidad.

Por: Richard Conniff * - Envairoment360

No hace mucho, un biólogo sugirió a Jeff Caster, arquitecto paisajista de Florida, que debería diseñar los márgenes de las carreteras no sólo con fines de seguridad o valor paisajístico sino como hábitat para ayudar a abordar la drástica disminución de insectos polinizadores en el país.

Caster comentó la idea a su jefa en el Organismo de Transporte del Estado de Florida (DOT, por sus siglas en inglés), quien lo miró como si hubiese perdido la razón. Incluso en las mejores circunstancias, las autopistas son conocidas por ser causa de la fragmentación del hábitat, la propagación de la contaminación, los accidentes de tráfico y por alterar el mundo natural en general. Las autopistas son el lugar en el que los insectos acaban estrellados en el parabrisas. “¿Esperas que el DOT se ponga a investigar en abejas? Sé realista”, le respondió.

En cambio, Caster le explicó el razonamiento que había tras la propuesta del entomólogo Jaret C. Daniels de la Universidad de Florida (University of Florida): la población de abejas silvestres ha disminuido más del 50% en EE.UU. durante el último medio siglo. Los agentes patógenos, los pesticidas y la pérdida de hábitats también han diezmado especies autóctonas de insectos polinizadores. En Florida, después del turismo, la agricultura es la segunda fuente de ingresos para la economía del estado y unos 100 valiosos cultivos dependen de los polinizadores. El DOT de Florida no solo gestiona 75.000 hectáreas, aproximadamente el 0,5% de la superficie total de Florida, sino que sus terrenos, explica Caster, están “al lado, o a una propiedad de distancia, de casi todas las explotaciones agrícolas del estado”.

Al final, todos los jefes de Caster firmaron la propuesta, una decisión en la que sin duda colaboró el hecho de que el Estado está fomentando activamente el turismo de flores silvestres por las autopistas. Actualmente está en marcha un estudio en el que se han invertido 90.000 dólares que pretende determinar cómo podrían beneficiar los cambios en el régimen de cosecha del DOT a las poblaciones de polinizadores de las carreteras.

En algunas zonas, los acotamientos de las autopistas son los únicos lugares que les han quedado a las especies para vivir.

Según un informe de principios de año sobre la biodiversidad en las cunetas de las carreteras de la organización de patrimonio natural de Escocia (Scottish Natural Heritage), la mayoría de la población sigue queriendo que los márgenes de las carreteras “se presenten limpios o con flores”, no buscan la “ribera enmarañada” de Darwin. Sin embargo, en diferentes países del mundo, ecologistas e ingenieros de transporte están uniendo fuerzas, por increíble que parezca, con el fin de convertir los acotamientos y otras vías de desplazamiento en hábitats funcionales.

En Francia, los estanques de escorrentía de aguas pluviales se han convertido en un importante hábitat para los anfibios. En el Medio Oeste de Estados Unidos, los acotamientos naturalizados ya son corredores verdes y zonas de anidación. Hawái ha desarrollado un programa completo para evitar que la plantas invasivas se propaguen a lo largo de las carreteras. Y, en Florida, los investigadores están probando un nuevo y sofisticado sistema para alertar a los motoristas de los osos negros y las panteras de Florida en peligro de extinción en el Tamiami Trail.

Diseñar carreteras pensando en la naturaleza no es una práctica del todo nueva. Los proyectistas de muchas de las primeras carreteras, como el Bronx River Parkway de Nueva York del año 1907, pretendían que su apariencia se asemejara a un paisaje naturalizado; pero, en esos casos, en lo que se hacía hincapié era en el valor paisajístico. El interés en convertir los acotamientos en hábitat de flora y fauna autóctonas comenzó a desarrollarse en las décadas de 1980 y 1990, especialmente en el norte de Europa. El Gobierno británico, por ejemplo, diseñó una parte del arcén de la carretera M40 al este de Oxford como corredor para el desplazamiento de invertebrados entre dos bosques protegidos. En 1994, 25 especies de mariposas habían colonizado el corredor, entre las que destacaba la poco común Satyrium pruni.

Esos experimentos pioneros en los acotamientos que se realizaron entonces se han convertido ahora en un movimiento, alentado en parte por la obra de 2002 del ecologista y paisajista Richard T.T. Forman Road Ecology: Science and Solutions. Asimismo, actualmente también se celebra una Conferencia Internacional en Ecología y Transporte, que tendrá lugar a finales de este mes en Scottsdale (Arizona).

¿Y a qué se debe este nuevo interés en el hábitat de las carreteras? Se trata de una forma de reaccionar ante la pérdida de especies y de espacios naturales debido a la creciente urbanización del paisaje y la desaparición de numerosas zonas de hábitat como resultado de la expansión e intensificación de la agricultura.

En algunos casos, los acotamientos de las autopistas son el único lugar que queda para vivir. En el norte de Europa, por ejemplo, hasta el 90% de los estanques naturales y los humedales han desaparecido en el último siglo. Por otro lado, en Francia, existe una ley que regula la existencia de estanques de aguas pluviales cada dos kilómetros a lo largo de las autopistas, los cuales se han convertido por defecto en un sustituto parcial —aunque un poco problemático debido al atropello de animales en carretera y a otros factores. El año pasado, los investigadores estudiaron 58 de estos estanques de carretera y descubrieron que se habían convertido en hogar de numerosas especies de anfibios, incluida una muy poco habitual en la naturaleza.

En Iowa, donde poco queda ya del hábitat original de las llanuras, los agricultores que solían dejar las tierras sin cultivar por un tiempo con arreglo al Programa Federal de Reservas de Conservación (Conservation Reserve Program) han retirado, en cambio, más de 600.000 hectáreas desde 2008 para plantar maíz de pared a pared y tratar de sacar provecho del mercado del etanol. Esto ha hecho que los acotamientos se conviertan en “el último refugio, el último vestigio de esperanza” para las aves que anidan en el suelo, como codornices, faisanes, alondras y charlatanes, así como para numerosas mariposas y otros insectos, explica Rebecca Kauten, responsable del programa de gestión integral de la vegetación de carreteras de la Universidad del Norte de Iowa (University of Northern Iowa).

El uso de herbicidas en la agricultura se ha triplicado desde la introducción del maíz y la soya (soja) Roundup Ready, lo que ha provocado la eliminación del algodoncillo y de otras especies autóctonas que vivían en los terrenos agrícolas de Estados Unidos. Esto ha dañado a las poblaciones de mariposas monarca, explica Orley Taylor, ecologista especializado en insectos de la Universidad de Kansas (University of Kansas) y fundador de Monarch Watch. El problema podría compensarse en parte si las autoridades viales sembraran algodoncillo en los acotamientos, especialmente en Alabama, Idaho, Illinois, Texas, Virginia Occidental y Minnesota, estados que han nombrado a la mariposa monarca su mariposa estatal.

Estados Unidos, con unos 6,5 millones de kilómetros de carretera, se ha quedado por lo general a la zaga de los esfuerzos europeos de naturalización de las carreteras. En Bélgica, por ejemplo, la mayoría de acotamientos de las principales autopistas están sembrados con fines de conservación y, de acuerdo con un proyectista del Departamento de Naturaleza, Medio Ambiente y Energía, se trata de una manera fácil, y a veces la única, de volver a poner a las personas en contacto con el mundo natural. Iniciativas similares en Estados Unidos no han tenido éxito, en parte porque no existe un organismo central que promueva este tipo de programas.

La Administración Federal de Carreteras de EE.UU. (U.S. Federal Highway Administration, FHWA) ofrece financiación a los estados para mejorar las carreteras, pero eso puede significar cualquier cosa, desde pantallas acústicas hasta plantaciones decorativas. “Arizona está haciendo las cosas bien gracias a los numerosos cactus y matorrales naturales”, señaló un portavoz de la FHWA. El Estado de Iowa también ha liderado la protección del hábitat de las carreteras a través de un programa que calcula el momento de la cosecha según los ciclos naturales de las aves que anidan en el suelo y de otras especies.

Las decisiones se suelen tomar a nivel de condado, donde el nepotismo político lleva a menudo a invertir en segadoras y contratos de combustible, según Taylor de Monarch Watch. Si se segara con menos frecuencia, se ahorraría dinero público y al mismo tiempo el medio ambiente se beneficiaría; sin embargo, “hay resistencia institucional”, afirma. “El director del Departamento de carreteras quiere defender su feudo y mantener su pequeño ejército de segadoras”.

La Gran Recesión ha empezado a cambiar esa mentalidad y ha obligado a recortar los presupuestos de cosecha. El estado de Virginia, por ejemplo, vio que podía ahorrar 20 millones de dólares en 2009 si reducía la cosecha de sus carreteras a la mitad; pero las presiones presupuestarias también afectan a los programas de desarrollo de carreteras naturalizadas: Minnesota acaba de recortar 50.000 dólares de su programa de compra de semillas de carretera.

También pueden surgir desacuerdos porque gestionar carreteras para la Biodiversidad es mucho más complicado que gestionarlas para la seguridad. En Francia, por ejemplo, los mismos estanques de aguas pluviales que ahora albergan anfibios suelen recoger además metales pesados??, productos derivados del petróleo, sales, pesticidas y otros residuos, lo que significa que pueden actuar como sumidero biológico —una trampa mortal a largo plazo— para las mismas especies que atraen. Los anfibios suponen el 80% de los animales atropellados en varios países europeos y el tráfico intenso ha acarreado la extinción de algunas poblaciones. El año pasado, doce países europeos formaron una coalición para desarrollar maneras de ofrecer hábitats de agua dulce más adecuados y reducir la mortalidad vial de las especies.

La idea de atraer fauna a las carreteras también conlleva la inquietud de que aumenten los accidentes de tráfico. Sin embargo, en el caso de los ciervos, según sugieren algunos estudios, la cosecha reducida puede desanimar a los animales a acudir a las carreteras ante la ausencia de pasto fresco. En Arizona, los proyectistas de autopistas que eligen especies autóctonas para las carreteras evitan las que ellos denominan “especies golosas” que pueden atraer a los alces.

Va a incrementar sin duda la presión para tomar este tipo de decisiones con matices, ya que los bienes inmuebles no desarrollados son cada vez más valiosos y las nueva investigaciones darán mayor visibilidad a los beneficios. La (soya) soja, por ejemplo, es un cultivo de autopolinización pero, en Australia y Brasil, estudios recientes han revelado que tener abejas cerca aumenta la producción hasta en un 50%, por razones que siguen siendo objeto de debate.

En la Universidad Estatal de Iowa (Iowa State University), las investigaciones del entomólogo Matt O’Neal han demostrado que es posible obtener el mismo tipo de impacto de los polinizadores autóctonos y otros insectos beneficiosos que viven en franjas de vegetación de tan solo 3 a 15 metros de ancho. El grupo de O’Neal ha hecho pruebas con una lista de la Universidad del Estado de Michigan (Michigan State University) que incluye plantas de pradera de hierba alta y ha suministrado a los agricultores de Iowa una lista de una docena de especies de plantas autóctonas —como Ratibida pinnata, Zizia aptera y Asclepias incarnata— que son la apuesta más segura para atraer polinizadores.

¿Y dónde plantarán los agricultores de Iowa estas preciadas franjas de vegetación? Tal vez los acotamientos de las carreteras sean el único sitio disponible.

 * Richard Coniff es un escritor ganador del premio National Magazine Award, cuyos artículos han aparecido en las revistas científicas Time, Smithsonian, The Atlantic, National Geographic, así como en otras publicaciones. Ha escrito varios libros, entre ellos The Species Seekers: Heroes, Fools, and the Mad Pursuit of Life on Earth.

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