Centroamérica & mundo
Fecha de publicación: 2017-08-25
Panel Mujeres Desafiantes sin Límites: (De izq. a der.) Maribel Lieberman, Sandra Cauffman, Glenda Umaña e Ilya Espino. Foto Salvador Meléndez
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Centroamericanas Desafiantes Sin límites: Mujeres que soñaron con la luna…y volaron mucho más alto

Por Velia Jaramillo, eyn.net

El primer Foro Desafiantes de Centroamérica E&N tuvo un cierre de lujo con las historias de 3 mujeres out of the box: Sandra Cauffman, una ingeniera costarricense que ha dirigido misiones a Marte y hoy maneja la división de ciencias de la tierra de la NASA. Ilya Espino de Marotta, la ingeniera panameña que dirigió la ampliación del gran Canal de Panamá, y una chocolatera exquisita, la hondureña Maribel Lieberman, conquistadora exigentes mercados como Nueva York, Dubai y Japón. Todas inspiraron con sus historias de vida, sus desafíos y sus grandes logros, a la audiencia que las siguió, hasta el final del panel, en El Salvador.

Sandra Cauffman compartió como pudo crecer desde una niñez difícil a una trayectoria fulgurante en la NASA. Cuando dijo a su madre a los siete años, después de ver por televisión a Neil Amstrong pisar la luna, que ella también quería conocer la luna algún día “no me dijo no se puede, me respondió que debía entonces estudiar porque una nunca sabe cuando llegan las oportunidades”. Cuando buscando prepararse para ese sueño quiso estudiar Ingeniería Eléctrica en la Universidad de Costa Rica no la admitieron en el programa porque no había mujeres. Su opción fue una ingeniería industrial en la UCR, que cursó por siete siete semestres antes de viajar a Estados Unidos para formarse en lo que ella deseaba. Se graduó con dos bachilleratos, uno en Ingeniería Eléctrica y otro en Física Matemática.

Muy pronto, Sandra empezó a transitar por la ruta de sus sueños, al graduarse, consiguió en una feria de empleos un puesto para una compañía contratista de la NASA “y estaba feliz de la vida”. Luego pasó a trabajar para la NASA “y el año pasado cumplí 30 años de trabajar para ellos”, compartió con el auditorio.

Sandra Cauffman trabajó por 25 años en el Centro de Vuelo Espacial Goddard (en Maryland), uno de los diez centros de la NASA en Estados Unidos. Y si bien no llegó a ser astronauta ha dirigido el lanzamiento de misiones no tripuladas, “trabajamos con astronautas entrenándolos, fui la directora de la última misión a Marte en 2013”, contó.

En 2016 fue designada directora adjunta de la División de Ciencias de la Tierra de la NASA, y se trasladó de Maryland a la sede central de la NASA, en Washington. “Apliqué para este trabajo y me lo dieron. Ahora puede trabajar en lo que quería, porque lo que hacemos en la NASA en ciencias terrestres es increíble, el retorno de este trabajo a la humanidad es increíble. Lo que hacemos es estudiar la tierra desde el espacio, tenemos 19 satélites orbitando la tierra, tenemos acuerdos con otros países que también desarrollan misiones, compartimos los datos y estamos constantemente entendiendo la tierra como un sistema, con esa información ayudamos a los agricultores, o en caso de huracanes, inundaciones”.

ILYA ESPINO: LA INGENIERA DETRÁS DEL GRAN CANAL DE PANAMÁ

Un camino parecido transitó la panameña Ilya Espino de Marotta. Un año y medio después de regresar a Panamá y cuando vio que las posibilidades de ejercer la carrera de Biología Marina para la cual había ganado una beca Fulbright de Estados Unidos no eran las mejores, la joven, apasionada del mar, tomó la decisión de cambiar de carrera y estudiar Ingeniería Marina, en Texas A&M University.

Era la única mujer en la facultad de ingeniería marina en Estados Unidos cursando la carrera, “me acostumbré a manejarme en un mundo de hombres, cuando uno se da a conocer profesionalmente se gana el respeto de los compañeros, pero a medida que va ascendiendo, cada vez se vuelve más difícil, siempre soy la voz diferente y a veces es bueno y otras malo”, compartió la ingeniera panameña a la audiencia de Desafiantes.

Hoy vicepresidenta ejecutiva de ingeniería y administración del programa de ampliación del Canal de Panamá, Ilya confesó a los cientos de mujeres que la escucharon, que el camino para llegar no estuvo libre de obstáculos “Tuve muchos sinsabores pero nunca deje que eso me achicopalara. Hubo miles de posiciones a las que apliqué y siempre escogían al hombre, pero seguía aplicando, no deje que eso me intimidara, y siempre va a haber alguna persona que te haga una oferta. Cuando le preguntaron si me interesaba trabajar en la propuesta de ampliación del canal de Panamá, yo dije ¡claro que sì!”

De su posición en esa gran obra de la ingeniería moderna por la que cruza el 6% del comercio global, Ilya confesó: “La parte técnica es la más fácil, porque la ciencia es maravillosa y te da respuestas, te permite llegar a los resultados. Lo más difícil es la parte humana, cuando trabajamos en la obra manejamos más de 200 nacionalidades diferentes. Aunque la mayor parte de la mano de obra era panameña, había muchas otras nacionalidades, había que trabajar con muchos contratistas, de forma muy transparente, siguiendo al pie de la letra lo que establecía el contrato. Ese proyecto se atraso un año y medio, fue difícil pero implicó un gran reto personal”.

Con esa experiencia de vida a las espaldas, para Espino se ha convertido en algo muy importante ser mentora de mujeres, “porque es necesario que haya mujeres en el campo, me mueve la posibilidad de facilitarle a otras mujeres una carrera que tradicionalmente ha sido de hombres para que se convenzan de que puedan hacerlo. Nunca he tenido miedo a los retos y si hay algo que no sepa, aprendo”.

MARIBEL LIEBERMAN: “YO VENGO DE LA TIERRA DEL CACAO”

Maribel Lieberman, la chocolatera hondureña que ha volado alto hasta conquistar los exigentes mercados de Nueva York, Dubai y Japón, compartió: “Cuando llegue a Japón (en abril de 2012), a la primera tienda que abrimos, y vi una fila de japoneses en la caja dije: ¡Wow!”

Lieberman abrió su primera chocolatería en 2002 en Soho, Nueva York. “Desde que abrí, la gente decía esto parece chocolate-sushi. Descubrí que además de los sabores, para mí era muy importante la presentación de mis chocolates, porque la comida no solo es para el estómago, tiene que entrar visualmente. Si vienes a mis tiendas, hay música que te relaja, trato de tocar los sentidos”.

La hondureña cosechó aplausos cuando contó de sus aprendizajes en el mercado japonés. “Los japoneses son clientes muy demandantes y me ha ayudado mucho estar en ese mercado. Las mejores compañías de chocolate del mundo están en Japón. Compito con todos franceses que saben que no fui a Le Cordon Bleu, y estoy en la cancha de ellos. Cuando me preguntan: ¿a que escuela fuiste en Francia? les respondo: “yo vengo de la tierra del cacao”.

Maribel conto que recorrió América, Francia y Suiza descubriendo los secretos detrás del chocolate. “No sabía que el chocolate venía de nuestra tierra, pensaba que venía de Europa. Cuando descubrí que la historia venía de nuestros países me dije: estoy destinada para dar el crédito a nuestra tierra”.

La empresaria compraba su materia prima en África, pero cuando se enteró de la esclavitud que había en África por productores de cacao “me impactó tanto la historia que decidí empezar a comprar en Sudamérica. Empecé a traer chocolate de Venezuela, después de Colombia, hasta que encontré a una fundación en Honduras que enseña a agricultores a sembrar y les propuse sembrar cacao fino, les dije que el precio del cacao fino estaba subiendo y los convencí. Mi reto ha sido siempre hacer mi propio chocolate, en 2015 pude comprar mi equipo para procesar el cacao y me alié con una asociación en Honduras que enseña a sembrar cacao. Trabajamos con muchas pequeñas agricultoras y desde 2015 pude exportar 60 toneladas de cacao desde Honduras”.

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