Hay una verdad que dejó de ser una frase hecha: el conocimiento es poder. En la era de la economía del conocimiento, éste pasó a ser el valor agregado fundamental en todos los procesos de producción de bienes y servicios de un país. Hoy el dominio del saber es el principal factor de desarrollo auto sostenido. ¿Dónde estamos y hacia dónde vamos?
Norma Lezcano
¿Por qué una revista de negocios habría de dedicarse a abordar la educación? Dos datos contundentes: en la era de la globalización, la educación es el único engranaje eficiente para enlazar las economías emergentes con las desarrolladas. Por otro lado, la educación pasó a ser parte fundamental de la agenda de seguridad nacional de los países que ya son funcionales a la “sociedad global del conocimiento”. ¿De qué lado quiere quedarse Centroamérica?
No hay excusa ni motivo consistente para no hablar de educación; para no convertirla en la obsesión positiva de los gobiernos de la región; en el tema de trabajo de las alianzas público-privadas y en el tema de investigación que deben priorizar los medios de comunicación.
Cambios dramáticos de paradigma en los factores que desencadenan hoy el crecimiento económico alientan a que apostemos por la educación –y por la educación de excelencia– sin temor a equivocarnos o a perder el tiempo. Sino, repasemos las experiencias más visibles de países que han hecho de la educación su pasaporte al desarrollo.
Singapur, con una población similar a la de El Salvador y una extensión total de 699 kilómetros cuadrados, bien podría haber quedado recluido en el listado de los países inviables por sus escasos recursos naturales. Sin embargo, este manojo de islotes situado en la punta sur de la península Malaya, tiene un PIB per cápita de US$25.000 (el de Japón es US$ 30.000 y el promedio de la Unión Europea es de US$33.000). Según el Doing Business 2005 (elaborado por el Banco Mundial), Singapur se ubicó ese año como el tercer mejor país donde hacer negocios, entre nada menos que 145 naciones. De hecho, 80% de las grandes empresas farmacéuticas del mundo están produciendo ya en Singapur y exportando alrededor de US$6.000 millones anuales. El país tiene una tasa de desempleo que no llega al 2% y vino creciendo a un ritmo del orden del 6%.
¿Qué tiene que ver en ello el tamaño del territorio, la existencia de materias primas, el desarrollo de armamentos o las reservas de petróleo? Absolutamente, nada. ¿Cuántos años le tomó a Europa, a Japón e incluso a EE.UU estabilizarse como las potencias que hoy son? Pues, a Singapur, que les va pisando los talones, le llevó apenas unas tres décadas alcanzarlos.
Esto es lo fascinante de la era que vivimos. El salto cualitativo hacia el desarrollo sustentable viene de la mano de factores que no tienen que ver con disponer de comida, petróleo o armas. Tiene que ver con la producción de valor agregado y del conocimiento que se necesita para generarlo.
El Forum Económico Mundial con sede en Suiza (WEF) otorgó a Singapur el lugar de honor como la economía más progresiva y competitiva, por su gran esfuerzo por crear innovación. Y para eso, Singapur invierte: tiene nada menos que con 4.000 científicos de nivel Ph D. El 30% son “estrellas” importados de varios países, como Inglaterra, China, Japón.
Su sistema educativo arranca, después de un paso por el “kínder”, en una Primary School (educación primaria) que contempla la enseñanza del inglés desde el primer año y de ciencias, desde el tercero.
Espejo donde mirarse
¿Deben los países centroamericanos copiar la experiencia de este tigre asiático?
Probablemente, la región deba construir su propia matriz de desarrollo. Conforme a su historia, a su idiosincrasia y sus valores como sociedad. Lo que seguramente no podrá desconocer, si es que pretende dar el salto del tigre, son los parámetros de la era en la que estamos viviendo.
“Las tendencias actuales de la sociedad del conocimiento están inmersas en un escenario de cambios radicales del sistema-mundo. Es probable que este sistema se esté alejando del equilibrio y acercándose a un punto de bifurcación en el que podremos optar por diversos ´futuribles´ o futuros posibles”, afirma Francisco López Segrera, asesor académico de la Global University Network for Innovation, Universidad de Naciones Unidas.
Esos “futuribles” que se abren frente a nosotros podrían tener, en un esfuerzo de síntesis, dos caminos básicos posibles: “educar o desaparecer”, tal como lo advirtió a Estrategia & Negocios, el científico y CEO de Biotechonomy (empresa líder en la gestión de emprendimientos vinculados a ciencias de la vida), Juan Enríquez Cabot.
“Se puede parafrasear a (Winston) Churchill advirtiendo a países, regiones, ciudades y organizaciones: ser competitivo o morir”, coincide por su parte el economista chileno Sergio Boisier, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile y especialista en desarrollo humano a escala local.
Tan drástica dicotomía planteada por los especialistas tiene su razón de ser. En una economía como la que vivimos, el conocimiento se convierte en un elemento fundamental –sino esencial– para generar valor, competitividad, productividad y al final, riqueza. Y atención que hablamos de “conocimiento” y no de mera “información”. “Conocer supone información, pero comprender supone conocimiento”, dice Boisier. Y para llegar a la instancia del conocimiento, el proceso educativo es el motor propulsor.
¿Qué tipo de proceso educativo? Quizá, la mejor pregunta sería: ¿cuál no?La experiencia de investigación realizada por Estrategia & Negocios para esta edición especial nos muestra que en la región, diferentes sectores de la órbita pública y privada tienen a la educación en el radar de sus objetivos. Desde la educación que se promueve en la niñez, pasando por el entrenamiento continúo de jóvenes adultos hasta las diferentes propuestas de la educación superior.
Muy posiblemente, la educación no es aún una política de estado que desvele a nuestros gobiernos y atraiga la inversión necesaria. Pero, lo que es mucho más valioso aún, en esta etapa, el derecho a la educación se está transformando en Centroamérica en una conciencia colectiva que puja por transformar la realidad. La educación como mecanismo de movilidad social es un derecho inalienable de los centroamericanos e instalar a los sistemas educativos nacionales en el concierto de la sociedad global del conocimiento una responsabilidad irrenunciable de sus gobiernos.
Desde Estrategia & Negocios nos comprometemos a trabajar por hacer lo posible.
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