La tecnología y su abrumante ritmo de actualización, sumado a la mayor esperanza de vida de la humanidad y la creciente competencia entre las economías mundiales están definiendo nuevos paradigmas para la construcción del conocimiento. Ya no se trata sólo de educar sino de promover una actitud que implica estar en permanente actitud de aprender.
Arturo Condo
Rector del Incae
Se ha vuelto una perogrullada decir que nunca antes en la historia hemos vivido el ritmo de cambio que estamos experimentando en todas las facetas de la vida humana. Estos cambios están influyendo en la forma de comunicarnos, de crear, disfrutar y relacionarnos como personas.
Las empresas están reaccionando cada vez con mayor rapidez a ellos, tratando de entender cómo pueden beneficiarse y cómo pueden aprovecharse de estas tendencias.
La actual es una verdadera “revolución ciudadana” en el sentido de que la interacción de millones de seres humanos está generando consecuencias no diseñadas de antemano.Más lentamente que las empresas, los gobiernos aún están buscando incorporar estas tendencias en sus programas y operaciones. Mientras tanto, ¿qué ha pasado con la educación en todo el mundo y, en particular, en América Latina? La respuesta es: no mucho.
La gran extensión del cambio es la provisión de tecnología de comunicaciones en el aula que, sin duda, apoya en forma importante el proceso educativo, pero no ha habido una “revolución” paralela en la forma en que preparamos a nuestros niños y jóvenes en el mundo.
En una reunión de la Global Education Initiative del World Economic Forum discutía con varios CEO y altos ejecutivos de empresas de todo el mundo cuáles serían las características del adulto joven del siglo XXI que los harían exitosos profesionalmente.
La lista era muy interesante: pensamiento estructurado y crítico, ética de trabajo, creatividad, empresarialismo, capacidad de trabajo en equipo, tolerancia y ojalá gusto por la diversidad, conciencia del mundo que los rodea (a escala global) y liderazgo.
El grupo incluía a representantes de empresas de una gran diversidad de industrias y países y el consenso era impresionante. Y, según ellos, aplicaba tanto a graduados de educación universitaria como de colegio (educación secundaria) para la base de sus empleados técnicos. ¿Y el contenido? ¿No querían buenos ingenieros, buenos ingenieros de sistemas, etc., etc.?
El consenso era que una disciplina profesional era importante en cuanto proveyera lo mencionado anteriormente, pero que las tecnologías hoy en día cambian tan rápidamente que, aún graduados de las mejores universidades, requieren un constante entrenamiento en sus lugares de trabajo.
Tampoco se discutía el “conocimiento” entendido como información acumulada en la memoria; es un hecho que este sea tan masivo que más bien requiere tener acceso a innumerables fuentes de información que están, por otro lado, cada vez más accesibles en tiempo real.
Reconozco que el perfil propuesto por empresarios y ejecutivos responde únicamente al elemento de productividad de la educación del ser humano; este, a su vez, también es un miembro de la sociedad, un ciudadano de su país y del mundo.
En esto también se está experimentando un cambio sin precedentes; mientras un sinnúmero de medios de prensa tradicionalmente poderosos enfrenta malos prospectos de sostenibilidad, la visibilidad de los individuos ha alcanzado niveles impensables hace una década.Yoani Sánchez, una mujer cubana de 33 años, fue distinguida por Time Magazine como una de las 100 personas más influyentes en el mundo, gracias a sus reportes sobre la vida en la isla a través de su blog Generación Y.
Ritmos y ajustes
En realidad, es comprensible que no estemos cambiando la educación al mismo ritmo que cambian los sujetos de ésta (nuestros niños y niñas, adolescentes y adultos jóvenes), porque por primera vez ellos dominan este cambio de una forma que los adultos apenas comenzamos a estudiar y entender.
No es solo que nuestros hijos adolescentes y preadolescentes pueden configurar nuestros equipos de cómputo o teléfonos celulares mucho mejor que nosotros; en realidad, ellos acceden a un mundo de interacciones que para nosotros son incomprensibles y muchas veces inaceptables.
Por ejemplo, nos parece inaudito que una relación con alguien a quien nunca han visto físicamente se considere una amistad real (o peor, la base para un matrimonio, como ocurre con alguna frecuencia). Hasta su percepción de la realidad es diferente.
Yo personalmente he oído a preadolescentes que creen que saben jugar tennis porque obtienen altos puntajes en un juego de Wii. Por supuesto que están equivocados, por lo menos por ahora, hasta que el U.S. Open se juegue en consolas de Wii en vez de usar raquetas, bolas y sea en una cancha real.
Y no necesito profundizar en la capacidad de multitasking que es característica de cualquier persona nacida después de 1995. Los expertos en cognición insisten en que perdemos capacidad de profundización en la medida que hacemos (o tratamos de hacer) varias cosas a la vez. Es posible y es hasta lógico, pero la realidad es que rara vez uno encuentra adolescentes haciendo una sola cosa a la vez.
Tal vez la esperanza está en que estas nuevas generaciones (y Millenium y las que siguen) comiencen a contribuir al diseño de un nuevo paradigma de educación. De hecho, algunos adultos jóvenes y no tan jóvenes comienzan a estudiar y entender esta realidad.
Proyectos como el Digital Youth Research en Berkeley (http://digitalyouth.ischool.berkeley.edu/) y el Lifelong Kindergarden en MIT Media Lab http://www.media.mit.edu/research/groups/lifelong-kindergarten están creando conocimiento que poco a poco va cambiando los paradigmas que utilizamos en la educación para el futuro.
Más vida, más educación
Un último factor que, en mi opinión, va a cambiar el paradigma de la educación en el siglo XXI es el cambio en la esperanza de vida de la población mundial. Va a ser mucho más común, para quienes nacieron alrededor del cambio de siglo, llegar a la edad de 100 años.
Eso significa que, muy probablemente, su edad de retiro se va a aplazar más allá de los tradicionales 65 años y, por tanto, la vida productiva de una persona va a incluir más de cinco décadas.
Esto, junto a los fenómenos de cambio tecnológico, probablemente va a derivar en un sistema educativo con un componente mucho más grande de educación continua. Es imposible que el entrenamiento que un adulto joven reciba en el 2010 siga siendo vigente en el 2040 o 2050, cuando esa persona esté a mitad de su vida productiva. Esto refuerza el cambio en el rol de la educación formal en la etapa temprana de la vida de un ser humano.
Mientras los países desarrollados enfrentan estos retos, en América Latina la educación está, en gran medida, estancada. La última gran revolución educativa en América Latina ocurrió hace un siglo, con la secularización de la educación en todo el continente.
El paradigma dominante sigue siendo fundamentalmente el mismo, los países más avanzados están enfatizando la enseñanza de matemáticas (disciplina muy valiosa para el desarrollo de pensamiento lógico estructurado) y del inglés como segundo idioma.
El acceso a tecnologías de información en el aula aún es incipiente, aunque hay esfuerzos importantes para hacerlo masivo en varios países. Sin embargo, en su gran mayoría, ese nuevo acceso sirve como apoyo a pedagogías del siglo pasado y, en algunos casos, de hace dos siglos.Instituciones con recursos proveen acceso a plataformas de cómputo y acceso a Internet, pero no como palancas para el desarrollo de la creatividad, la innovación y la conciencia de una ciudadanía nacional y global.
Existen varios esfuerzos para cambiar esta realidad. El programa Preal, que promueve la reforma educativa en América Latina, ha propuesto un sinnúmero de cambios y mejoras que cambiarían nuestros sistemas educativos, pero en la vida real estos requieren superar obstáculos de otro tipo.
En todos los países, sin excepción, donde he tenido la oportunidad de discutir esfuerzos para cambiar la educación, el mayor obstáculo es político, la resistencia al cambio liderada por los sindicatos de maestros, en muchos casos afiliados y apoyados por un partido político. Esta resistencia no es representativa de la actitud de los maestros a nivel individual.
En proyectos del Incae en El Salvador y Costa Rica hemos tenido la oportunidad de observar la anuencia e incluso avidez de los maestros para cambiar la efectividad de su gestión. Cuando la comunicación y el involucramiento son eficaces, los educadores se convierten en líderes del cambio educativo.
Apurar el paso
El tiempo está en contra de nuestros esfuerzos regionales. Aumentar años de escolaridad toma décadas y muchos recursos. Obviamente, es necesario mantener esos esfuerzos pero, mientras eso ocurre, nuestra población sigue en desventaja para atraer inversión que genere empleo de mayor productividad e ingreso.
Es necesario desarrollar, en forma paralela y muy agresivamente, programas de capacitación en el trabajo y de capacitación técnica para que los adultos que ya no van a reinsertarse en el sistema formal de educación puedan aumentar sus habilidades y optar por mejores posibilidades laborales.
Programas que desarrollen destrezas o conocimientos específicos pueden tener un gran impacto en la empleabilidad de nuestra fuerza laboral. Un ejemplo evidente ocurre en el turismo, donde poseer un manejo básico del inglés provee acceso a oportunidades laborales de todo tipo (por supuesto, según las demás capacidades de la persona).
El reto del cambio educativo para nuestra región tiene que ser un proyecto de país y no una tarea solamente del gobierno. Los empresarios deben involucrarse, en primer lugar, porque son directamente beneficiados con el producto del sistema educativo, pero también porque, desde el punto de vista de producción, son las empresas las que conocen en forma precisa y anticipada los requerimientos de habilidades de la fuerza laboral.
Los empresarios también poseen recursos, más allá del dinero, que pueden apalancar fuertemente la gestión del sector público. En un ejemplo que conozco personalmente en Costa Rica, un grupo de empresarios organizados en la Asociación de Empresarios para el Desarrollo (AED) gestionó una mejora operativa para las escuelas públicas, el cual tiene el potencial de liberar hasta el 30% del tiempo de los maestros, pues antes se empleaba en cumplir labores administrativas.
A través de un programa en coordinación con el Ministerio de Educación Pública y los sindicatos de maestros, están impulsando la adopción de un sistema de software cuyo desarrollo fue financiado por dicho grupo de empresarios y permite alcanzar esa enorme eficiencia.
Si hay un tema que deberíamos tomar como agenda nacional, independientemente del sector al que pertenecemos o de las inclinaciones políticas personales, es la educación.
Sin un cambio cualitativo importante en la próxima década, la brecha entre nuestra región y el resto del mundo se puede expandir y nuestra capacidad de competir, y por tanto de generar una calidad de vida mejor para nuestros habitantes, se puede ver seriamente disminuida.
Ojalá tomemos incluso una posición regional en este tema. Existen economías de escala en el desarrollo de innovaciones pedagógicas, y la inversión en una región como Centroamérica, unida, podría hacer la diferencia necesaria para crear paz y prosperidad para todos.
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