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Resiliencia: antídoto para el “día más triste del año”

Jueves 17 de enero, 2013.
 

 

 

 

Cómo construir una actitud de resiliencia para enfrentar un inicio de año que puede resultar altamente estresante por los climas económicos, políticos y laborales, lo cual se suma a las posibles crisis personales.

 

Por: Humberto Jaime *

 

Contra las predicciones que advertían sobre el fin del mundo, los días siguieron y todo indica que continuará girando. Sin embargo, la convicción de que por momentos “el mundo se acaba”, podría generarse tanto por situaciones extremas como la pérdida inesperada de un ser amado o el diagnóstico de una enfermedad terminal; como por problemas laborales y económicos imprevistos que de no manejarse adecuadamente, producen desde estrés y depresión hasta sentimientos de fracaso y total desolación.

Perder el empleo por la contracción del mercado, pasar meses buscando otro mientras los ahorros se esfuman o estar a punto de perder la vivienda por cuotas atrasadas -por citar algunos -, son momentos de quiebre que sin solución en el corto plazo, pueden generar más angustia y mayores dificultades;  a menos que se desarrolle la capacidad necesaria para afrontar la adversidad, salir fortalecidos de ésta     y alcanzar un estado de excelencia; hoy conocida como resiliencia.

Enero además, trae secuelas emocionales, físicas y económicas, derivadas de un diciembre colmado de excesos y presión de consumo. Dean Burnett, Profesor de la Universidad de Cardiff, Reino Unido; ubica al primer mes del año como propicio para la depresión y de “resaca navideña”, que va desde la readaptación corporal tras la retirada del azúcar y carbohidratos consumidos en desproporción durante las fiestas navideñas, hasta la influencia del clima en los estados de ánimo generales.

De ahí que, a unas semanas de pudiesen presentarse momentos críticos, propongamos tres acciones clave para  el desarrollo o fortalecimiento de la resiliencia, concepto muy presente en sectores tan diversos como la construcción, el derecho, la ecología y la política, con la fórmula común: Preparar, enfrentar, resistir y fortalecer.

1.   Prepárate: Los terremotos no avisan

Los momentos de crisis suelen llegar de improviso, o bien  aunque nos dan señales de avistamiento, estamos tan ocupados -distraídos tal vez- viviendo el momento o dando por hecho el “a mí no me puede pasar” que obviamos hacernos preguntas simples y a la vez determinantes como: ¿Qué pasa si no…? ¿Qué hacemos en vez de…? ¿Cómo prevenimos que suceda…?

Prepararse trazando un Plan B -y de paso un C-, que va desde contar con un ingreso adicional por alguna actividad empresarial y un fondo de ahorro, hasta poner por escrito nuestros objetivos, fortalezas y debilidades; es crucial para mantener el enfoque y concentrarse en la meta a alcanzar aun en caso de emergencia.

De acuerdo al Instituto Español de Resiliencia, las personas más resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés, soportando mejor la presión. Esto les permite una sensación de control frente a los acontecimientos y mayor capacidad para afrontar retos.

2.   Está temblando: Agáchate, cúbrete y afírmate 

Países de alto riesgo sísmico como México y Chile, cuentan con planes de preparación ante desastres, que incluyen la práctica de simulacros sobre qué hacer en caso de terremoto.  Así, la población aprende o refuerza su conocimiento de que ante la ocurrencia de un sismo; agacharse, cubrirse y protegerse es más seguro para conservar la vida que correr intempestivamente buscando una salida.

De igual forma,  conservar la calma cuando todo se derrumba depende en un plan personal basado en autocontrol, disciplina  y determinación, habilidades que en mi experiencia se ejercitan diariamente y se ponen a prueba con éxito en los momentos de crisis. Así pues, la preparación, adaptación y resistencia se deben practicar también cuando no hay problemas.

Quizá la negociación que tanto planeaste no se cerró, el ascenso que tanto esperabas se lo dieron         a otro o te dijeron que no hay más vacantes y la frustración te invade al pensar en los compromisos económicos del mes;  pero está en ti proponer otra estrategia, seguir intentándolo   o bien buscar otras oportunidades.

3.   Ya pasó: A levantarse y reducir riesgos

Si después de la tempestad viene la calma, es un hecho que la calma podría preceder a otras tempestades. Esto es, nunca estamos exentos de amenazas, el riesgo de enfrentar situaciones límite prevalece, pero también puede disminuir o evitarse.

Aprovecha para convertir en lección aprendida la crisis; analiza si habrías hecho algo diferente, cómo evitarías el riesgo de un problema similar y de no ser posible, qué harías para sobrellevarlo de mejor forma y recuperarte más rápidamente.

En ésta y las etapas anteriores, el equilibrio entre la mente, el cuerpo y el espíritu es calve para fortalecer la resiliencia. Practicar actividades recreativas o deportivas de forma periódica, te ayudará a despejar la mente y a tomar mejores decisiones; cultivar amistades en círculos diferentes a tu trabajo contribuirá a ejercitar tu capacidad y velocidad de adaptación a nuevos entornos, y participar en labores comunitarias o de beneficencia en apoyo a grupos vulnerables, te aportará la perspectiva de quienes también podrían estar desarrollando su resiliencia, pese condiciones desfavorables permanentes.

Si bien es cierto que enero es un mes de “resaca navideña”  y triste para muchos, o que traerá situaciones tan inesperadas y graves que por momentos les hará sentir que ahora sí, “el mundo se acaba”, también es cierto que en cualquier mes y de la forma más inesperada, tendremos la oportunidad de convertir cualquier momento crítico en un resultado positivo, demostrando qué tan resilientes somos.

De hecho, en los próximos días y como cada año, muchos medios de comunicación se darán vuelo propagando la existencia del Blue Monday (lunes azul) o día más triste del año, citando una supuesta ecuación de Cliff Arnal, que combina factores como el clima, el pago de deudas y el incumplimiento los propósitos de Año Nuevo.

Así pues, aunque existiera el día más triste, o si el sol no brillara como se ve desde mi ventana y aunque hubiese un mal que dure cien años, si puede haber cuerpo resiliente que los aguante; gracias al desarrollo y/o fortalecimiento de esta capacidad para superar con éxito los obstáculos y fortalecerse tras situaciones extremas; muy característica de líderes y emprendedores.

No esperes más, desde hoy puedes comprobar que “ningún mar en calma hizo experto a un marinero“         y que “lo que no mata fortalece”, convertir a enero en el mes más feliz del año. Desarrollar tu resiliencia es un signo de crecimiento personal y profesional de  beneficio propio y que te permite mantenerte en la ruta del éxito en un mundo que, por duro que se lea, continuará girando con o sin nosotros.

 

* Docente internacional de negocios y asesor de c! omunicación para Naciones Unidas; con base en Panamá. Email: info@humbertojaime.com    YouTube: hjaimedr01    Twitter: @humbertojaime

 

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