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¿Un nuevo mercantilismo “en automático”?

Martes 18 de diciembre, 2012.
 

Eloy Fisher.

 

Los efectos de la política económica de EE.UU. en América Central y Suramérica.

Por: Eloy Fisher*

Previo a la crisis de 2008, la comunidad financiera internacional y los países del hoy casi irrelevante G-8 encomiaban la prudencia y sobriedad macroeconómica de América Latina. No obstante, América Latina no retribuyó con igual alegría la intervención económica de su vecino norteño, y en especial las acciones de su banco central, tras la debacle. Cuando la economía de Brasil, la mayor de la región, se desaceleró en 2010, Guido Mantega, el ministro brasileño a menudo tachado por ser demasiado sincero, alzó un grito en el cielo cuando sostuvo que los programas de “quantitative easing” (QE) de la Reserva Federal de EE.UU. desataron una “guerra de divisas”. Según Mantega, la compra directa de activos financieros a cambio de la emisión de dólares apreciaba las monedas de los países emergentes, y frenaba su dinamismo económico.

Mantega tiene razón. La acción persistente de la Fed constituye una políticas de “ empobrecer al vecino” para favorecer a la economía de EE.UU., pese a las garantías de Ben Bernanke, el Presidente de la Fed., de estar haciendo lo imposible para reanudar la demanda global. Según la sabiduría convencional, si las cosas andan bien en EE.UU., al mundo le va igual. Sin embargo, mediante un QE estrechamente enfocado al crecimiento y al empleo en EE.UU., la Reserva Federal abdicó su responsabilidad como guardián del dólar, moneda de reserva del mundo.

La teoría detrás de QE es que el debilitamiento de la moneda y la disminución de las tasas de interés hace que las exportaciones y las inversiones estadounidenses sean más baratas y atractivas. Sus efectos en América Latina son variadas, pero en general, la combinación de una política monetaria flexible y una mayor apertura comercial hacia EE.UU. mantienen un récord mixto en materia de crecimiento y competitividad – especialmente en América Central. Por un lado, en medio de una recesión en EE.UU., una política monetaria flexible aprecia las monedas de la región, mientras que la facilidad comercial dinamiza las importaciones del norte. Al añadir una disminución en las remesas (al subir el desempleo), se acentúan los desbalances internacionales entre la región y su principal mercado. Vista la magnitud y el tamaño de las políticas de EE.UU relativas a las de esta constelación de países, a estos gobiernos no le queda mayor recurso que realizar devaluaciones internas (ya sea flexibilizando aún más su fuerza de trabajo, o restringiendo el gasto social) y con ello, exacerbar tensiones sociales generalizadas. De hecho, en este nuevo escenario económico internacional, la Fed ha tomado la batuta del Tesoro, en un nuevo Consenso post-post-Washington.

Anteriormente, EE.UU. intervenía directamente en América Latina. Hoy, la negativa de recortar subsidios agrícolas (que podrían sacar a millones de latinoamericanos de la pobreza) y dejar que el dólar se aprecie de forma natural (como un exportador de capital), es una forma más barata y eficaz de mantener cierto control sobre economías que marginalmente cuelgan del mercado estadounidense. Sin embargo, aún más preocupante es el que este librecambismo centroamericano ceda el control de la política económica regional al Fed: en caso de una crisis (inevitable bajo este modelo), la única opción será recurrir a un plan de rescate financiado por EE.UU. (a través de su banco central) y mediado a través del Fondo Monetario Internacional.

Por eso, otros países de América Latina que cuentan con un mayor peso en el comercio mundial y su propia moneda han tratado de forjar su propio destino a través de acuerdos regionales como UNASUR (Unión de los países de Sudamérica) y la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe). No  obstante, no todo es color de rosa en el Sur: cada vez es más difícil para aquellos países mantener sus exportaciones competitivas sin despertar el dragón de la inflación, especialmente cuando el dólar deliberadamente se mantiene débil.

Por esta razón, si los EE.UU. no resuelve primero sus problemas estructurales, como la creciente brecha en la desigualdad, e insiste en atender las preocupaciones de una élite que favorece la reducción del gasto social a pesar de altas y persistentes tasas de desempleo, flaco favor le hace al mundo. Las resultantes bajas tasas de crecimiento se reflejarán en el paulatino deterioro de la posición económica de los países centroamericanos, a la vez que estas mismas acciones del Fed seguirán obstaculizando la competitividad de América del Sur y sembraran los raíces de una nueva crisis en EEUU -  a pesar de las garantías de Bernanke. En medio de una indecisión política y económica a todo nivel del aparato gubernamental en EEUU, esta política de manejar la economía a través de este nuevo mercantilismo “en automático” a través de la Fed nos podrá salir muy caro a futuro.

*Eloy Fisher es abogado, sociólogo y economista, candidato doctoral en Macroeconomía, Econometría y Política de EE.UU. en The New School for Social Research, e investigador asociado al Consejo de Asuntos Hemisféricos en Washington D.C. Su twitter es @eloyfisher

 

 

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