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Centroamérica apuesta a militares frente a imparable violencia

Miércoles 21 de marzo, 2012.
 

En Honduras, más de 2.000 de los 11.000 soldados patrullan las calles en la "Operación Relámpago", y pueden hacer allanamientos y capturas.

 

Armados hasta los dientes, patrullando calles en camiones o tanquetas, en retenes o a bordo de buses, los militares, autores de crímenes horrendos en las guerras civiles de la segunda mitad del siglo XX, retoman protagonismo en Centroamérica ante la violencia de poderosos cárteles de la droga y las pandillas.

Por: AFP

En una estrategia similar a la de México y apoyada por Washington, los gobiernos de la región optaron por el combate frontal al crimen organizado, que hizo del istmo la zona más violenta del mundo, con casi 40 homicidios por cada 100.000 habitantes.

Pero la sangría no para. Los presidentes analizarán el sábado en Antigua, Guatemala, alternativas para enfrentar el narcotráfico, sin dejar de reclamar a Estados Unidos más recursos para la lucha, pues por Centroamérica y México pasa el 90% de la cocaína consumida en ese país.

Aún abiertas las heridas que dejaron los regímenes militares, Centroamérica es ahora teatro de una nueva guerra: barrios enteros disputados por las maras (pandillas), zonas rurales controladas por narcos, calles copadas por la delincuencia común.

Superando los muertos de la época de conflictos bélicos, Centroamérica registró 19.300 asesinatos en 2011, el 88% en el llamado “Triángulo Norte”: Honduras tiene la marca mundial de 86 homicidios por 100.000 habitantes; El Salvador, 65; y Guatemala, 42.

Los tres países acudieron a las Fuerzas Armadas, pese al rechazo de grupos civiles que no olvidan las ejecuciones extrajudiciales, desapariciones y caseríos arrasados por el Ejército, sobre todo en los años 70 y 80.

La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navy Pillay, expresó hace una semana en Guatemala su preocupación: “El uso de los ejércitos en la (lucha por la) seguridad ciudadana debe ser limitado en tiempo y alcance, y estar sujeto a dirección y control civil”, advirtió.

“Jamás debemos volver a la época triste de la Guerra Fría en la que para vencer el comunismo se cometieron atrocidades. El Ejército no se debe salir de su competencia, salvo extrema emergencia. No debe convertirse en el nuevo mesías”, dijo a AFP Rómulo Emiliani, obispo de la ciudad hondureña de San Pedro Sula.

La analista salvadoreña Jannet Aguilar, de la Universidad Centroamericana (UCA), calificó la “militarización de la seguridad” como “la mayor regresión” en la región tras las guerras internas terminadas en los 90.

“Los acuerdos de paz redujeron los ejércitos y se les asignó sólo el resguardo de la fronteras y la soberanía nacional. El resurgimiento de los militares socava el Estado de derecho, la democracia”, comentó a la AFP.

En Honduras, donde los militares desaparecieron a 184 personas en los 80, el Ejército recobró fuerza tras el golpe de Estado de 2009. Más de 2.000 de los 11.000 soldados patrullan las calles en la “Operación Relámpago”, y pueden hacer allanamientos y capturas.

“¿Quién está protegiendo las fronteras de los narcos? Con patrullajes combinados se miró el cambio en los primeros días, pero la situación sigue”, dijo a la AFP el comisionado de policía Ángel Zúñiga, subdirector de Servicios Especiales de Investigación de Honduras.

El Ejército de Guatemala, responsable de un 90% de las 200.000 muertes y desapariciones en 36 años de guerra civil, según la ONU, se redujo de 45.000 a 15.500 efectivos con la firma de la paz en 1996. Pero en los últimos años aumentó a 18.500.

Más de 3.500 soldados guatemaltecos están en la calle y en regiones penetradas por el cartel mexicano de Los Zetas. Desde hace tres semanas, jóvenes convocados por el gobierno se entrenan con miras a aumentar la fuerza militar.

El Salvador sacó en 2010 a 7.100 soldados de sus tareas específicas para reforzar a la policía en zonas bajo control de las temidas maras M-S y M-18 y en pasos fronterizos, con la facultad de hacer registros y detenciones.

En una controvertida decisión, el presidente Mauricio Funes, primero de izquierda en la historia de El Salvador, nombró recientemente a dos generales retirados como ministro de Justicia y Seguridad, y director de la Policía.

El jefe del Comando Sur de Estados Unidos, general Douglas Fraser, aseguró hace unos días que las fuerzas armadas en Guatemala, Honduras y El Salvador seguirán jugando “un papel clave” contra el crimen organizado.

Agentes antidrogas de Estados Unidos coordinan desde enero la “Operación Martillo” contra el narcotráfico en las costas de Centroamérica, y asesores de ese país entrenan a la Policía.

“Corresponde a la geopolítica de Estados Unidos”, dijo Aguilar, al señalar que el narcotráfico es ahora la justificación para mantener su presencia en Centroamérica.

Aunque parte de la población se siente más protegida con la presencia militar, algunos como Juan, de 60 años y vecino de la colonia Nueva Suyapa, en Tegucigalpa, la consideran “un maquillaje”. “En la noche no se puede ir ni a la pulpería, porque te asaltan. Aquí ya no se puede vivir, dijo a la AFP.

 

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