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¿Es compatible la inclusión social con el crecimiento?

Lunes 5 de marzo, 2012.
 

 

Los proyectos de integración de favelas, con desarrollo de viviendas y servicios públicos es uno de los principales logros del modelo inclusivo brasileño.

 

 

Brasil es el “caso testigo” que promete demostrar al mundo que la inclusión y el crecimiento pueden ir de la mano. Pero, ¿en qué se basa esa confianza mientras en Estados Unidos se realizan recortes presupuestarios y Europa se encuentra sumida en una profunda crisis?

 

Por: Maximiliano Sbarbi Osuna-Observador Global

El optimismo económico brasileño resurgió a fines del año pasado cuando Brasil superó a Gran Bretaña alcanzando el sexto lugar entre las economías más grandes del mundo. Inmediatamente, el ministro de Hacienda, Guido Mantega, afirmó que en 2015 Brasil llegará a ser la quinta economía mundial.

Pero, ¿en qué se basa esa confianza mientras en Estados Unidos se realizan recortes presupuestarios y Europa se encuentra sumida en una profunda crisis?

Los datos avalan estas predicciones, ya que la balanza comercial creció un 47% con respecto al año anterior, lo que representa un balance de US$29,7 mil millones, récord en los últimos 4 años.

Aunque no sólo los números son positivos, el plan económico de la presidenta Dilma Rousseff apunta a continuar con el crecimiento, desarrollando la industria, el comercio exterior y fortaleciendo el mercado interno.

Uno de los objetivos fijados por la presidenta desde el año pasado es diversificar las exportaciones, tanto los mercados como los productos y promover la internacionalización de las empresas nacionales, ya sean privadas, estatales o mixtas.

Para estimular el crecimiento del potencial exportador, el plan incluye la desgravación fiscal  a las exportaciones, y la financiación de algunos productos que Brasil vende en el exterior.

En 2011, comenzaron a verse los resultados de estas medidas, ya que las exportaciones alcanzaron un nivel sin precedentes: 256 mil millones de dólares, un 26,8% más que el año  anterior.

La mitad de ese gigantesco total equivale a productos básicos: minería, principalmente hierro, soja, café, carne de aves de corral, mientras que la otra mitad corresponde a las manufacturas: partes de automóviles, aceites de combustible, motores de vehículos, polímeros y plásticos.

El programa llamado “Reponer” permite a las empresas exportadoras beneficiarse de las desgravaciones fiscales que contribuyen a estimular el comercio exterior. Este plan habilita el reembolso del 3% sobre los ingresos obtenidos.

Así, Brasil logró alcanzar masivamente los mercados de China (US$44.300 millones),   Estados Unidos (US$25.900 millones), Argentina (US$22.700 millones), Holanda (US$13.600 millones) y Japón (US$9.500 millones).

Entre los objetivos del gobierno se encuentran la ampliación de las cadenas de producción y el mejoramiento y desarrollo de nuevas tecnologías.

Brasil promueve la industria nacional, aunque los precios de algunos productos sean más caros que su competencia extranjera, dado que el plan consiste en evitar la fuga de divisas y generar empleo interno.

Una prueba piloto que ya se puso en práctica es la exención de varios impuestos a los sectores industriales vulnerables al tipo de cambio, tales como el calzado, muebles y desarrollo de software.

Además, en esos sectores el gobierno exime a los empresarios de pagar algunas cargas sociales a sus empleados, para estimular la producción, al tiempo que aseguró que la seguridad social no se va a ver afectada. Es de esperarse que el gobierno sea el que se encargue de esos aportes.

La enorme desigualdad que existe en Brasil pudo ser mitigada parcialmente por las políticas sociales implementadas por el ex presidente Lula da Silva y que aparentemente continuada por esta nueva administración.

Enfocarse en un mayor crecimiento no beneficia a las clases bajas, ya que lo que necesitan es una distribución equitativa de la riqueza, una mejor calidad de vida, más educación y mejor salud.

Además, la revisión de los hábitos de consumo en importante, en primer lugar para centrarse en lo fundamental de los sectores menos beneficiados y además por el propio límite medioambiental, que en Brasil ya ha sido superado.

En agosto del año pasado, la presidenta lanzó el plan “Plano Brasil Maior” (Plan Brasil más grande) 2011-2014, que consiste en aplicar una serie  de medidas encaminadas a estimular la economía y la protección de la industria nacional y el mercado interno frente a la competencia de empresas extranjeras.

El gobierno de Rousseff planea adoptar políticas de innovación industrial para reducir la necesidad de la importación y aumentar las posibilidades de exportación, fortaleciendo así la economía.

El crecimiento actual brasileño se ha podido generar en gran parte por el contexto internacional favorable y por una política gubernamental basada en la macroeconomía. Pero, la mano de obra barata y la depredación del ecosistema, mediante la sobreutilización de los recursos amazónicos y la construcción de represas para la generación de energía, es la base del modelo de producción.

Por eso, es preciso quizás no priorizar tanto el crecimiento macroeconómico sino resolver los problemas sociales y medioambientales internos para que el desarrollo sea más homogéneo.

 

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