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Los Estados Unidos y la democracia en Nicaragua

Jueves 1 de marzo, 2012.
 

 

Daniel Ortega y Barack Obama.

 

¿Puede EE.UU. contribuir a la construcción y el sostenimiento de la democracia en Nicaragua y en otras partes del mundo? Un análisis sin medias tintas del sociólogo  Carlos Castro Jo.

 

Por: Carlos Castro Jo – Confidencial.com.ni

Ahora resulta que el gobierno de los Estados Unidos dice que va a apoyar la democracia en Nicaragua.  El Departamento de Estado ha dicho que, debido a las irregularidades cometidas en las elecciones de noviembre de 2011, ahora va a escrutinizar los préstamos que el BID y el Banco Mundial le hacen a Nicaragua.  Como alguien que es ciudadano de los dos países, mi primera reacción es que EE.UU. no debiera meterse a promover la democracia en Nicaragua.  ¿Por qué?

En primer lugar, porque EE.UU. no tiene una democracia ejemplar como para andar dándole lecciones a otros países.   Un buen porcentaje del pueblo norteamericano siente que el régimen no funciona y que no hay mecanismos para cambiarlo.  Algunos de los problemas de este sistema son los siguientes: en EE.UU. el pueblo todavía no elige al presidente, lo elige el Colegio Electoral (por eso, aunque en el 2000 Gore ganó el voto popular, Bush ganó las elecciones); el oligopolio que tienen los medios de comunicación, que representan los intereses del gran capital, le aseguran a este controlar la agenda del país (el pueblo realmente no tiene voz); los dos grandes partidos políticos tienen un oligopolio que hace prácticamente imposible que otras fuerzas puedan competir por la presidencia; el partido político en el poder en las legislaturas de los estados divide arbitrariamente los distritos electorales para asegurar su permanecencia en el poder a nivel nacional; el partido que está más interesado en “promover” la democracia en Nicaragua es el menos democrático y el que pone obstáculos a la participación de las minorías étnicas en las elecciones en EE.UU.

Los sociólogos norteamericanos han demostrado que este sistema está controlado por una élite como dijo C. Wright Mills.  Marx lo hubiera llamado una dictadura de la burguesía (los conceptos democracia y dictadura en Marx no tienen el significado de uso común; la dictadura del proletariado, por ejemplo, no significa la dictadura de una persona).  Joseph Schumpeter dijo que este sistema era un elitismo competitivo, o sea, un sistema en el que solo los miembros de una élite, no el pueblo, pueden competir por los altos cargos en el gobierno.

En segundo lugar, porque la democracia no es la agenda internacional de EE.UU.  Es un arma de su política exterior que la usa solo cuando le conviene. EE.UU. ha destruido democracias para instaurar dictaduras (derrocó a Allende para instalar a Pinochet).  Ha apoyado a regímenes brutales como el de Somoza.  Eso ha sido cierto históricamente, eso es cierto hoy.  EE.UU. apoya a los regímenes brutales de Pakistán y Arabia Saudita, y apoya incondicionalmente a Israel que le niega a los palestinos el derecho a un territorio para forjar su propio estado.

En tercer lugar, porque en las luchas internacionales, EE.UU.  se ha caracterizado por apoyar a las fuerzas más reaccionarias y anti-democráticas. (La democracia no se institucionaliza en un país donde una élite pequeña y reaccionaria tiene el poder económico, político y cultural).  Por eso las fuerzas progresistas en Nicaragua no deberían alegrarse mucho por este anuncio del Departamento de Estado: los intereses de EE.UU. no necesariamente coinciden con los del pueblo nicaragüense.  Los que se alegran por la intervención de EE.UU. deben acordarse de Máximo Jerez, uno de los que invitó a William Walker a Nicaragua.  Al final, se arrepintió de haberlo hecho.

¿Habrá cambiado tanto la coyuntura que esta vez las cosas van a ser diferentes?  Por supuesto que no.  En la alianza de clases a nivel internacional, EE.UU. vela por los intereses del capital.  Su política exterior se supedita a eso.  El gran capital nicaragüense no tiene problemas con eso.  Los dos no tienen reparos en mentir para lograr sus fines.

Para muestra un botón: Adolfo Calero Portocarrero en su libro “Crónicas de un contra” aparece en una foto con Jesse Helms y el pie de foto dice  “con el gran amigo de Nicaragua Democrática”.  Jesse Helms fue uno de los senadores más racistas de EE.UU.  Él apoyó a Pinochet y Roberto D’aubuisson, este último implicado en el asesinato de Monseñor Romero. Helms le hizo la vida imposible al gobierno de doña Violeta.  Su partido es el que está presionando a Obama para que EE.UU. promueva la democracia en Nicaragua.  ¿Estos son los amigos de la democracia?

El argumento no es que la comunidad internacional no pueda contribuir a la creación y al sostenimiento de la democracia en Nicaragua. Desde hace muchos años, pero especialmente ahora con los nuevos medios de comunicación, no hay luchas estrictamente nacionales.  En el pasado, Francia, por ejemplo, le ayudó a EE.UU. a conquistar su independencia.  Muchos internacionalistas vinieron a pelear con Sandino contra la ocupación norteamericana y después vinieron a luchar con el FSLN para derrotar a la tiranía somocista.

La comunidad internacional puede ayudar.  Sandino, que sí creía en elecciones limpias y en la independencia de poderes, dijo que le correspondía a los países latinoamericanos el deber de promover la democracia en los países que la componen y que EE.UU. no debería meterse en eso.

¿Puede EE.UU. contribuir a la construcción y el sostenimiento de la democracia en Nicaragua y en otras partes del mundo?  Tendría autoridad moral para hablar de democracia si se convirtiera en una democracia ejemplar (por eso Atenas es un ejemplo), si respetara las leyes internacionales y no siguiera una política de fuerza, si no apoyara a regímenes brutales.

En el caso de Nicaragua, también puede ayudar contribuyendo a su desarrollo económico, comprando sus productos y ayudándole económicamente. No se sabe exactamente qué quiso decir el Departamento de Estado cuando dijo que iba a someter los préstamos a mayor escrutinio.  Si el resultado de ese escrutinio es el empobrecimiento del país, lo más probable es que la democracia sufra porque en un país empobrecido, en un estado fallido, es menos probable que se construyan instituciones democráticas.

En lo que respecta a forjar las instituciones políticas del país, ahí no se debiera de meter.  Las instituciones democráticas en Nicaragua deben ser construidas por los nicaragüenses, deben reflejar su realidad.

 

*El autor es sociólogo.

 

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