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Tierra amenazada

Martes 10 de enero, 2012.
 

 

El 2011 trajo a Centroamérica las más intensas lluvias de los últimos 50 años. Los desastres afectaron a 500.000 centroamericanos y provocaron daños por US$2.000 millones.

Por: Roberto Fonseca

El pasado 5 de noviembre, Catherine Bragg, Subsecretaria General para Asuntos Humanitarios y Coordinadora Adjunta de Emergencia de la ONU, lanzó un dramático llamado mundial a favor de miles de centroamericanos afectados por la pasada depresión tropical E12, en octubre pasado.

“Para centenares de miles de personas –algunas de ellas las más pobres en las Américas– este es solo el inicio de seis meses de crisis. Han perdido sus casas, sus medios de subsistencia y necesitan ayuda. Nosotros no debemos defraudarlas”, demandó Bragg.

Durante una visita oficial, Bragg recorrió Nicaragua y El Salvador, los dos países más afectados por las lluvias intensas, los deslaves y las inundaciones causadas por la depresión tropical 12E. Ella pudo ver, “de primera mano”, familias que perdieron todo: vivienda y cosechas. Además, carreteras, escuelas, centros de salud y casas destruidas.

En el caso de El Salvador, el país más vulnerable de la región, los ocho días de intensas lluvias fueron calificados como “el peor desastre natural en su historia”, ya que superó la cantidad de agua que cayó con el huracán Mitch en 1998, y también excedió los niveles de lluvias registrados en los últimos 50 años.

A finales de octubre, la Oficina de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas, con sede en Ginebra, lanzó oficialmente un par de llamamientos a la comunidad internacional –denominados flash appeal– informando que la cifra de afectados se elevó a casi 500.000 centroamericanos, que permanecían en refugios más de 70.000 personas –muchas de ellas niños y niñas–, y que se requerían casi US$30 millones para enfrentar la emergencia y brindar ayuda humanitaria en los próximos seis meses a las comunidades afectadas.

La Central de Respuesta de Emergencia de Naciones Unidas destinó casi US$7 millones en fondos humanitarios para El Salvador, Guatemala y Nicaragua, mientras el Departamento de Ayuda Humanitaria de la Unión Europea anunció que donaría cuatro millones de euros (US$5,6 millones) para la atención de las víctimas en Centroamérica.

Sin embargo, la respuesta de la comunidad internacional se quedó corta. Al respecto, el representante residente de Naciones Unidas en Nicaragua, Pablo Mandeville, informó que los montos de emergencia recibidos tanto en El Salvador como en Nicaragua correspondían al 30% de lo solicitado por las autoridades de cada país.

“La respuesta ha sido insuficiente y refleja que la emergencia de Centroamérica no ha entrado realmente en el radar de la comunidad internacional como una emergencia mayor, esencialmente porque no ha habido una gran cantidad de muertos, dijo Mandeville.

La visita de la señora Bragg “se inscribe en esa necesidad de relanzar el proceso de asistencia de emergencia y estamos revisando los flash appeal para precisar más las necesidades, con el propósito de suscitar un interés renovado de la comunidad internacional y lograr más recursos de emergencia”, añadió.

Preparada para desastres

A pesar de las fuertes lluvias, inundaciones y deslaves, la cantidad de víctimas fatales fue muy baja, lo que evidencia un esfuerzo extraordinario de los gobiernos centroamericanos, de las autoridades de los sistemas de emergencia y de los pobladores, por salvar vidas.

En ese sentido, cabe destacar que la cifra de muertos no alcanza las 100 personas en toda la región. Mientras en el huracán “Mitch”, ocurrido en 1998, las víctimas fatales sumaron más de 7.000 y hubo más de 12.000 desaparecidos.

“El huracán Mitch fue desastroso porque existía poca preparación para enfrentar eventos de esa magnitud. Hoy día, 13 años después, estamos mejor preparados a nivel comunitario, de países y de región. Eso se traduce en un nivel bajo de pérdidas humanas”, dijo Virginie André, jefa de la Oficina de Centroamérica del Departamento de Ayuda Humanitaria y Protección Civil (ECHO), de la Comisión Europea.

Pero “lastimosamente, la respuesta mundial depende de las pérdidas de vidas. Creo que debe registrarse un cambio de paradigmas, es importante que exista conciencia alrededor de eso”, advirtió.

Un poco antes de registrarse el Mitch, la Comisión Europea, a través de ECHO, empezó a colaborar con la región en reducción del riesgo de desastres, apoyándose en socios locales (organizaciones no gubernamentales, agencia de Naciones Unidas y Cruz Roja). Desde 1998 al 2010 han destinado más de 42,5 millones de euros, ejecutados en siete programas y 116 proyectos regionales y locales.

En estos 13 años, destacó Virginie André, se ha avanzado mucho, tanto a escala regional como local, ya que en todos los países existen sistemas nacionales de atención de emergencias y desastres, prevalecen marcos legales e institucionales, están identificadas las zonas de mayores riesgos y se han creado y capacitado iniciativas locales de prevención y atención de desastres en las comunidades en riesgo.

Este esfuerzo se ha apoyado en un programa denominado Dipecho, que se ejecuta a través de 200 socios en Centroamérica.

“La prioridad ha sido que puedan salvar sus vidas y las de sus familiares a nivel local, comunitario”, desarrollando sistemas de alerta temprana, brigadas de salvamento, educación escolar preventiva, obras de mitigación, obras de rehabilitación de infraestructura en centros que servirán de refugio, explicó André.

Para enfrentar la emergencia actual, provocada por las lluvias de la depresión E12, los cuatro millones de euros (US$5,6 millones) que donará la Unión Europea, se distribuirán, según explicó André, de acuerdo con las afectaciones por país. Por tanto, los mayores montos se destinarán a El Salvador, Nicaragua y Guatemala. Los recursos se canalizarán a través de sus socios: organismos no gubernamentales, agencias de Naciones Unidas y Cruz Roja.

La región centroamericana, de acuerdo con el Cuarto Informe Estado de la Región, es una de las zonas más propensas a desastres naturales y es cada vez más vulnerable, debido a una amplia gama de amenazas físicas (geológicas, meteorológicas e hidrometeorológicas), a la densidad poblacional, la pobreza, el deterioro ambiental y el impacto del cambio climático, entre otros factores.

“La mayor vulnerabilidad se debe a la persistencia de procesos sociales y económicos como la ubicación de las viviendas en pendientes y zonas de inundación, la degradación ambiental rural y urbana, las malas prácticas constructivas y la falta de controles sobre la construcción, especialmente entre la población excluida e informal; así como procesos de especialización productiva y cambio de uso del suelo en el campo”, cita el Cuarto Informe Estado de la Región, divulgado recientemente.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), por su parte, tras visitar cada uno de los países afectados por la depresión tropical E12, estimó que los daños causados alcanzan la cifra de US$1.968 millones, siendo los sectores de infraestructura, transporte, comunicación y agrícola, los más afectados.

Ricardo Zapata, punto focal regional de evaluación de desastres en la Cepal, indicó que los daños se extienden a carreteras, sistemas de agua potable, saneamiento, viviendas, asimismo, a los sectores agrícola, pesqueros, camaronicultura y en zonas productivas de granos básicos.

“En el primer trimestre del 2012, la seguridad alimentaria estará comprometida, se presenta como una amenaza potencial en algunas zonas pobres, ya que además de la destrucción de las cosechas, se han perdido las fuentes de empleos, esa es una situación que afectará a El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua”, dijo Zapata.

El experto de la Cepal, con una experiencia cercana a los 20 años y autor de la metodología de evaluación de impacto de desastres, señaló que la tímida respuesta de la comunidad internacional a la emergencia en Centroamérica es “explicable” por varias razones.

Primero, porque somos calificados países de ingresos medios; segundo, porque los países desarrollados siguen enfrentando una grave crisis financiera que no les permite disponer de recursos para emergencias y tercero, porque hay una crisis alimentaria más grave en África.

Zapata opinó que la solidaridad internacional no se ha perdido, pero hay limitaciones objetivas.

Por tanto, el experto valoró que los países centroamericanos tendrán que enfrentar la emergencia y la tarea de reconstrucción con sus propios recursos, definiendo y desarrollando una estrategia nacional y regional, que privilegie un pacto entre el sector público, el privado y los inversionistas. De esta forma se podría afrontar la rehabilitación en cuatro a seis años.

“Eso no quiere decir que no necesitamos de la comunidad internacional, de sus recursos, al contrario, se trata de hablar claramente frente al cambio climático y buscar una respuesta compartida, pero diferenciada, entre los países con mayor cuota de responsabilidad”, dijo Zapata, refiriéndose a las naciones más contaminantes con gases efecto invernadero.

Acción concertada

El 16 de diciembre, bajo los auspicios del gobierno salvadoreño, se desarrollaría una Cumbre de Presidentes de Centroamérica y un grupo consultivo extraordinario de donantes, para empujar una estrategia regional de reducción de riesgos y, a la vez, conocer los requerimientos de la región en materia de reconstrucción y de rehabilitación.

Durante la cita presidencial y del grupo consultivo se definirá un plan de acción para la ejecución de la política centroamericana de gestión de riesgo, que se formuló en la cumbre presidencial de julio del 2011.

Además, Centroamérica fue por recursos a la Cumbre Mundial sobre Cambio Climático (COP 17) de Durban, Sudáfrica, organizada a principios de diciembre.

Así lo confirmó a finales de noviembre el ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales de El Salvador, Herman Rosa Chávez, también presidente pro témpore de la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD).

Rosa Chávez y sus homólogos de la región se reunieron en San Salvador a finales de noviembre para abordar la agenda que llevarían en bloque a la cumbre de Durban.

El ministro salvadoreño afirmó que los “escasos” recursos de la región “se están destinando para medio reponer lo perdido” por los desastres naturales.

De forma precisa, Centroamérica solicitó en Durban a los países desarrollados “incrementar los fondos” para responder al cambio climático y buscó apoyo para poner en marcha el Fondo Verde acordado en Cancún (México).

Dicho fondo prevé la movilización por parte de las economías industrializadas de US$100.000 millones por año, a partir del 2020; aunque Estados Unidos ha planteado que los países en vías de desarrollo también realicen aportes.

“Buscamos que se reconozca nuestra realidad (la alta vulnerabilidad de la región a los efectos del cambio climático), y que a la hora de destinar recursos se establezcan prioridades y, por supuesto, que se priorice a los más afectados”, expresó Rosa Chávez.

El jerarca salvadoreño agregó que en los países centroamericanos se ha mejorado mucho en esos 24 meses en reforzar los planes de protección civil y en la reducción de víctimas por los estragos, pero los daños económicos siguen siendo enormes.

“Estamos en el peor momento por los efectos del cambio climático, pero, al mismo tiempo, en el mejor momento por una mejor articulación regional en muchos aspectos”, finalizó Rosa Chávez.

 

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