Latinoamérica enseña al Primer Mundo

Bien parados. Se proyecta un crecimiento en América Latina y el Caribe de 4,5% en 2011, que se moderará aproximadamente al 4% en 2012.
Foco Político / Coyuntura internacional
La región no tiene el futuro comprado, ni siquiera un presente pleno. Pero las crisis vividas han dejado experiencia acumulada en gestión fiscal y macroeconómica, que el mundo desarrollado podría considerar. Lo explica el profesor de Incae, Alberto Trejos.
Por: Arturo Castro – Estrategia & Negocios
La crisis financiera sufrida por América Latina durante la década de los 80, no solo permitió a muchos de los países de la región fortalecer su situación para evitar un impacto mayor de la crisis económica que actualmente afecta al mundo, sino que presenta lecciones importantes que los países desarrollados deberían tener en cuenta, para salir del problema financiero que los aqueja.
Lo afirma el economista, ex ministro de Comercio Exterior de Costa Rica y profesor de Incae, Alberto Trejos. Para el experto, las medidas aplicadas hace más de 30 años en Latinoamérica permitieron que la mitad de los países de la región no experimentaran una recesión durante esta crisis, que sí ha afectado fuertemente a Estados Unidos y Europa.
Aunque el diagnóstico no es homogéneo, pues existen países como Venezuela y Cuba con características muy distintas a las del resto de la región, el experto asegura que América Latina continúa sin contagiarse de la crisis global, y que esta no afectó la solvencia económica de la región.
Trejos considera que aún falta mucho camino por recorrer y que el proceso de recuperación de las economías estadounidense y europeas será “lento, volátil y errático”, ya que el efecto sicológico que causó la crisis sobre los habitantes genera un gran temor, el cual hará más lenta la salida del túnel.
Por otra parte, los gobiernos de las economías más afectadas perdieron solvencia fiscal debido a las medidas de mitigación aplicadas para contener la crisis, lo cual también dificulta y hace más lejana la recuperación.
Recetas
El análisis de Trejos se realizó en el marco del programa Encuentros Empresariales, de la Asociación de Graduados de INCAE, y giró en torno a ocho lecciones que pueden aplicar las economías desarrolladas, aprendidas y sufridas por los países latinoamericanos.
Reestructuración de deuda. La primera lección en tiempos de crisis es que, tarde o temprano, hay que compartir el costo con el acreedor de la deuda. En el caso de que se alcancen los niveles a los que los países desarrollados llegaron, necesariamente, afirma Trejos, el acreedor va a tener una pérdida.
“Lo podemos hacer en orden, inteligentemente, temprano. Lo podemos hacer, simplemente, haciendo que la realidad llegue a cuentagotas, sin ningún acuerdo, sin poner nada en orden.
Lo podemos hacer en el suelo, por caridad, 30 años tarde, como con la aplicación del HIPC (iniciativa de Países Pobres Altamente Endeudados, por sus siglas en inglés) pero, en algún momento, debe haber un corte y, cuanto más temprano, más en orden y más acordado, mejor”.
Plan consistente. Los países latinoamericanos que salieron mejor librados de la crisis de la década de los 80 y 90, tuvieron una comprensión de la profundidad de esta y de haber tocado fondo, la cual plasmaron en un plan estructurado para salir del problema.
“Había un camino pretrazado de cómo salir de la crisis. No negociaron el camino. Incluso, invitaron stakeholders externos, para hacerlos auditores de que se seguía ese camino y para echarles la culpa, cuando el camino era políticamente complicado. Eso es mucho más fácil que tratar de salir de la crisis sin planes”.
Lo público vs. lo privado. Según Trejos, el principio de que si una entidad financiera privada falla, el gobierno la salva, crea una tentación a abusar y dejarse salvar, ejemplo que se repitió, no solo en Estados Unidos, sino además en Irlanda, República Dominicana y Ecuador.
“Los estadounidenses ya habían salvado a los que eran demasiado grandes para fallar. Dejaron quebrar a Lehmann Brothers. Surgió la brillante idea de que, si al gobierno le urge tanto que yo no quiebre, pues que ponga la plata para que yo no quede en cero, sino que quede en positivo. Así que empezaron a negociar cuál era el precio por dejarse salvar, al punto de que el Ministro de Hacienda desistió de resolver el problema”.
El peligro de una moneda común. De acuerdo con Trejos, el tener una moneda común, que comparta riesgos o que dependa de otras economías, como en el caso de aquellas dolarizadas, presenta el riesgo de perder el control o de asumir inflaciones producidas por otros estados miembros.
“Estados Unidos tuvo 110 años de vida independiente, antes de tener una moneda común. El país nació en 1776 y el dólar en 1880. ¿Por qué? Cuando el país se forma, el ciudadano se sentía más ciudadano del estado que de la Unión. Si compartimos moneda, el que gasta más, va a crear más inflación y la única manera de que tengamos moneda común es que nos sintamos tan hermanos, que no me duela tanto la idea de pagar por vos”.
No hay que desaprovechar una buena crisis. Latinoamérica tenía una economía en crisis financiera en la década de los 80, consecuencia del mal manejo del frente financiero y una economía destrozada estructuralmente, desde el punto de vista comercial y regulatorio. Sin embargo, esa situación negativa propició un cambio positivo en la región.
“La crisis fue el combustible político para arreglar lo primero y no arreglar, pero sí avanzar bastante en lo segundo. Pero hubo un norte. La misma oportunidad que tuvieron los irlandeses y los españoles, y la tomaron, la tuvieron los griegos y los portugueses y no la tomaron”.
La austeridad inteligente. Según Trejos, los gobiernos europeos y el de Estados Unidos tendrán que hacer un recorte importante y priorizar en qué invierten sus recursos.
“Yo le tengo un cariño a los huecos de las calles, porque yo sé que, en los años en que no arreglábamos las calles, era porque, no pudiendo pagar la escuela y la calle, decidimos pagar la escuela”.
Valor real de la moneda. Compartir una moneda con un país mucho más productivo es una manera de tener una moneda demasiado valiosa. Sin embargo, Trejos considera que esta es una lección que no tiene aplicaciones en el caso europeo, porque los griegos, por ejemplo, ya están atrapados en el euro y comparten moneda con países más productivos que ellos, lo cual los encarece de una manera que les hace muy difícil empezar de nuevo.
Gobernabilidad. Gran parte de los países, de latitudes tan distintas como los europeos, norteamericanos y los de Centroamérica, enfrentan problemas serios de gobernabilidad.
“El Congreso de Estados Unidos tiene unas reglas que fueron diseñadas pensando en solo dos partidos. Hoy son casi tres, aunque no de manera declarada y, con reglas hechas para dos, tres no se pueden poner de acuerdo. Casi cometen suicidio colectivo, por la incapacidad de ponerse de acuerdo. En Europa todo es peor, porque como son naciones, no provincias, no van a dejar que hagan algo, sin estar todos de acuerdo”.
En muchos de esos países, existe un sistema democrático, cuyas reglas básicas dejaron de responder ante la incapacidad de tomar decisiones, lo que, a criterio de Trejos, significa que el problema está en las reglas del juego, no en los jugadores.
“Lo que era un sistema de toma de decisiones, está pasando a ser la razón por la que no se toman decisiones. Ahora, poner a los filósofos europeos a pensar en todo este enredo puede ser bueno, porque en la de menos nos brindan la solución. Pero cada uno de nosotros tiene que pensar en esto: en que, a veces, ahí está el problema”.
Según Trejos, la ingobernabilidad, en este momento, es un problema que tiene implicaciones muy grandes, ya que no diferencia a naciones desarrolladas de aquellas en proceso de desarrollo, pues se trata de una incapacidad para la toma de decisiones que no viene de los jugadores, justo cuando es más necesario poder tomar decisiones.
“Y esta última experiencia, desgraciadamente, a distinción de las siete anteriores, no es una en la cual América Latina tiene la lección para que la tomen los europeos”.




